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Llegamos a Saint-Malo a primera hora de la tarde desde Cancale, con el objetivo de empaparnos de la vida corsaria, y lo que descubrimos fue un lugar precioso donde veranear y hacer compras, además de una bulliciosa ciudad costera vinculada completamente a las tareas de la mar. Una ciudad marinera por los cuatro costados, y una fortaleza increiblemente bonita.

Saint-Malo, una ciudad fundada por un monje britano

Volvamos unos siglos atrás, hasta el siglo VI d.C. y subamos un poco al norte, porque esta historia empieza en Gales.

Sabemos de la vida de Saint-Malo por Albert Le grand (1599-1641) un dominico que contó la vida del santo, al que se le conocía por Maclow. Nos cuenta que desde muy joven ingresó en el monasterio de San Brandan. De hecho es uno de los compañeros de viaje del Santo irlandés en su búsqueda de las islas afortunadas, según la leyenda. T

Le encontramos de nuevo años después predicando en la ciudad de Alet, a pocos km del actual Sain-Malo, una ciudad galorromana, por cierto. Allí tras varios milagros, e incluso devolver la vida a un muerto, los señores del país le construyen un monasterio en una isla cercana, la que hoy es la ciudad intramuros de Sain-Malo.

Si bien durante la edad media, la ciudad más grande sigue siendo Alet, con las diversas oleadas de ataques normandos la población se va refugiando progresivamente en la isla de Sain-Malo, que estaba fortificada y era más fácil de defender. Este hecho marcaría el progresivo crecimiento económico del lugar, que aprovechó muy bien su situación entre Francia y Bretaña sin pertenecer a ninguno de los dos.

Por lo que cuentan, siempre quiso mantener su lugar como puerto franco, sin excesivos compromisos con las autoridades de las naciones que le rodeaban, llegando incluso a proclamarse como república independiente de Sain Malo, en 1590. El lema “ni bretón, ni francés… malvino soy” es de esa época.

Los comerciantes de la ciudad supieron aprovechar muy bien las rutas comerciales con América, gracias a lo cual prosperaron grandes fortunas, entre ellos descubridores y corsarios, que le dieron fama a la villa.

Una curiosidad. Se jactan de no haber sido conquistados nunca, ni por los ingleses, ni por los franceses ni por los bretones, y la verdad es que es una fortaleza impresionante, sin embargo en el siglo XX los nazis ocuparon la ciudad y los aliados la bombardearon hasta arrasarla completamente. Todo lo que se ve hoy en día está restaurado desde aquella época. La devastación fue casi total.

El barco Etoile du roi Saint Malo. Foto Celtica.es
Saint Malo. Foto Celtica.es

1 Comentario

  1. Qué recuerdos!
    Por cierto, Saint Malo tiene unha historia curiosa relacionada con los incipientes mestizajes euro-americanos. Diogo Álvares Correia, náufrago portugués en el recién descubierto Brasil, fue acogido por los Tupinambás, una tribu local, que le llamaron Caramuru. Se casó con Paraguaçu, hija del jefe de dicha tribu, con la que al cabo de unos años visitó Saint-Malo. Fue allí donde se casó con ella y la hizo bautizar con el nombre de Catherine du Brésil, tal vez en honor de Catherine des Granches, su madrina (y esposa de Jacques Cartier, quien unos años después, tras entrevistarse con Francisco I en la abadía de Saint-Michel, se convertiría en “descubridor” del Canadá).

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