Tiempo de lectura: 5 minutos

Empiezo contando nuestro primer día en Breizh, y al final os dejo enlaces a todas las entradas de este viaje para que podais consultarlas desde cada uno de los posts. Amanecimos sin novedad en La Rochelle, y tras recoger la furgo pusimos rumbo a Vitré y acabar el día en el Mont Saint Michel. La idea inicial era abordar Bretaña desde el sur hacia el norte. Posiblemente la próxima vez lo hagamos así, pero en esta ocasión decidimos subir hasta la frontera Bretaña, Normandía e ir bajando ya hacia casa. Para cualquiera de las dos opciones, La Rochelle es una buena decisión para empezar el viaje.

Entre Vitré y La Rochelle hay unas 3 horas y media de viaje. Digamos que el recorrido se divide en tres partes. Una por carreteras nacionales en las que no puedes ir a más de 90 hasta llegar a Nantes. Otra por autovía entre Nantes y Rennes, y otra vez por carreteras secundarias hasta Vitré. Tanto Vitré como Fougueres son dos destinos que debeis visitar para comprender la historia del país, además de por ser dos localidades especialmente bonitas. Nosotros optamos por Vitré por recomendaciones que vimos y no nos defraudó. Así que dirigimos nuestros pasos allí.

Un apunte político para entender esta jornada. Bretaña originalmente estaba compuesta por cinco regiones. Una de ellas ahora ya no forma parte del país, la de Nantes, lo que ha originado un movimiento de protesta para que se vuelva a incluir el territorio en Bretaña. Es el 5/5 que vereis incluso en algunas entradas de localidades encima de las señales oficiales del nombre del pueblo. Por tanto hasta que no llegas a medio camino entre Nantes y Rennes no estás realmente en Bretaña. Sin embargo históricamente, a medio camino entre la Rochelle y Nantes ya entras en ella.

Lo que destacaría de este primer tramo de secundarias hasta llegar a Nantes es la organización de las explotaciones agrícolas allí. Ves todas las granjas con sus paneles solares en el techo y la propia organización y limpieza de las ganaderías y demás es destacable, os lo aseguro, estoy acostumbrado a ver mucho campo en Asturies y sé de lo que hablo. En medio de las explotaciones pasamos por Saint-Jean-de-Beugné, que tiene un cartel enorme que dice que es la ciudad del Brioche, asi que paramos a desayunar. La verdad es que estaba muy bueno, asi que compré un par de ellos para ir desayunando los primeros días.

El viaje hasta Vitré sin novedad. Las carreteras secundarias están muy limpias, las autovías están perfectas y bien señalizadas, y la gente respeta mucho al volante. Tomándotelo con calma vas disfrutando más aún de lo que ves.

Vitré.

Nuestra primera parada en Bretaña, y que entrada! Dicen que es uno de los pueblos más bonitos de Francia, y me lo creo. Algunas casas son del siglo XVII. El castillo, como todos los de la zona jugó su papel en las guerras con Francia. Un lugar acogedor y precioso. La verdad es que es un pueblín que todo el mundo te recomienda. Si buscas una lista de los 10 pueblos más bonitos de Bretaña este es uno de ellos y como toma de contacto es genial.

Aparcamos al lado de la estación de ferrocarril y desde allí paseando vimos el pueblo. Tiene un barrio de casas antiguas y estrechas muy bonito, que pudimos recorrer casi sin gente ya que a la 1 está todo el mundo comiendo. Nosotros como no dependemos de horarios de restaurantes aprovechamos para hacer unas fotos sin tener que esquivar a los turistas, y mereció la pena. Puedes pararte a contemplar la arquitectura tradicional de casinas de madera y colores sin prisa, y cuando llevas un rato empiezan a abrir las tiendas y demás. Lo que hicimos fue dar un paseo de reconocimiento por el pueblo y luego pasar por la oficina de turismo que ya estaba abierta para pedir información de esta ciudad y esta parte de Bretaña.

Parada para comer en la furgo y nos dirigimos al castillo. Lo veis en las fotos, pero podría haber sacado una foto mejor si no estuvieran montando una carpa tipo circo en la plaza delante de la fortaleza. El sitio es una maravilla. Tiene un museo que podeis ver por 9€ por persona y algo menos los crios, donde tienen una buena colección de armaduras y de objetos del castillo. De todas formas si solo quereis visitar la fortaleza, la visita es gratuita por fuera y por el patio. Dentro está el Ayuntamiento por cierto, en una de las alas del castillo.

Las primeras edificaciones son del siglo XI pero el grueso del edificio se levantó en el siglo XIV, es una de las mejores muestras de la arquitectura militar de ese periodo de la historia de Bretaña. Daros cuenta de que en toda esta parte se ubicaban fortalezas que participaron en las guerras entre Francia, y esta región que siempre quiso mantener su independencia.

La ciudad es mucho más antigua. Se cree que su origen fueron villas galo-romanas que datan del siglo II a.C. y que dieron lugar a pequeñas poblaciones que en el año 1000 culminaron con la fundación de la villa.

El sitio es encantador, y al empezar a caer la tarde nos dirigimos hacia el Mont Saint Michel, a donde llegamos sin novedad sobre las 5 y media de la tarde. Pero eso lo dejo para otra entrada.

Datos prácticos.

Se puede llegar en tren sin problema si estás en Rennes. Está muy cerca y llega el TGV. Al lado de la estación hay un parking de pago pero que queda a pocos pasos del casco viejo y puedes dejar la furgo a la sombra. Justo ahí está la oficina de turismo. No os puedo hablar de pernocta porque esa noche dormimos en el camping del Mont Saint Michel.

El casco viejo es precioso, un paseo tranquilo por sus calles y curiosear en las tiendas te sirve para relajarte y empezar a sentir que estas en Bretaña por fín. Es un lugar increíble para las fotos. El castillo es imprescindible, además tiene unos jardines tipo palaciego preciosos… No es para echar todo el día así que os recomiendo combinarlo con otro pueblo si podeis.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here