Estela de Coaña. Julio 2020
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A finales del siglo XIX se escribieron gran cantidad de obras relacionadas con la tradición asturiana fruto por un lado de un regionalismo, que perduró hasta la guerra Civil, y por otro con una demanda de este tipo de contenidos por parte de la emigración a América que significó un auge en la producción de fotografías, grabados libros, etc.

Precisamente en uno de estos libros es donde encontré esta leyenda que me parece interesante por varias razones. Una porque intenta dar una explicación sobre cómo llegó la piedra ahí, y otra porque nos cuenta de primera mano la actividad de los buscadores de tesoros o «chalgueiros» a finales del siglo XIX. La obra se titula «Magosto»1, y fue escrita por Eva Canel en 1894.

Una leyenda recogida en el siglo XIX relacionada con la estela de Coaña
Magosto. Google Books
Una vida sacada de una novela

Agar Eva Infanzón Canel fue una escritora coañesa que nació en 18572, y su vida parece sacada de una novela. Se desplazó a Madrid con su madre a una edad muy temprana, tras morir su padre, el médico Pedro Infanzón, en un naufragio provocado por un ataque pirata.

Criada en la alta sociedad, forma parte de los círculos culturales de la capital, donde conoce a la edad de 15 años al que será su marido, Eloy Perillán Buxó, que sería desterrado del país por la publicación de una obra de teatro.

Siguiendo a su marido cruza el Atlántico y  se va a Bolivia donde juntos fundaron periódicos como Las Noticias o El Comercio Español en Lima, El Petróleo en Buenos Aires, etc.

Una leyenda recogida en el siglo XIX relacionada con la estela de Coaña
Retrato de Eva Canel. Desconozco al autor/a. Foto El Comercio

Años después vuelve a España y reside en Barcelona, donde recibe la noticia del fallecimiento de su marido. No deja de escribir y sigue colaborando en periódicos nacionales, hasta que en 1891 vuelve de nuevo a establecerse, ahora en La Habana de la que tendrá que irse a causa de la Guerra de la Independencia. Retorna a España trayendo los restos de su marido para enterrarlo en su localidad natal, pero su mundo es América.

Volverá a establecerse en Buenos Aires en 1899 donde inicia una intensa actividad cultural, escribiendo y dando conferencias. Allí funda su propia imprenta. Las primeras décadas del siglo XX fueron las de su reconocimiento como autora y personalidad. El papa Benedicto XV le otorga la Crus Pro Ecclesia et Pontifice, La Socedad Geográfica de Madrid la nombra Miembro Correspondiente. El Gobierno de Primeo de Rivera la reconoce con el Lazo de la Orden de Isabel la Católica y Medalla de Oro de Ultramar. Nada de esto evita que muera en mayo de 1932 en la pobreza.

Magosto y la Piedra de Nuestra Señora

Precisamente Magosto es una de esas obras que, siendo destinadas a un público que vive fuera de Asturias, recogen algunas perlas de información etnográfica y tradicional que a las generaciones posteriores de asturianos nos resultan imprescindibles.

La estela discoidea de Coaña se conoce también con el nombre de Piedra de Nuestra Señora. Eva Canel recoge en esta obra una tradición relativa al monumento pétreo. Comenzaremos diciendo que su consideración de elemento prehistórico era conocido ya por aquel entonces. Es evidente que no se trata de algo cristiano, y que no era difícil asignar a los míticos «moros» de nuestra tradición. Así, la autora comienza el relato escrito en Abril de 1888 diciendo:

«[…] A la salida de Coaña, por el camino que conduce a San Esteban, existe una piedra grande, cuya forma está pregonando a gritos su origen pagano[…]

Ya a finales del siglo XIX nos cuenta que pocos o casi ninguno recuerdan por qué a la piedra se la llama de Nuestra Señora «[…] Apenas si podrán responder a tal pregunta: pero los ancianos, los que van con el siglo […] satisfarán vuestra curiosidad refiriendo cuentos, a medida y placer del narrador inculto».

Cuenta, casi de forma novelada, como su abuela le refirió la historia de la Piedra de Nuestra Señora, y por qué recibe ese nombre. Todo gira en torno a una disputa vecinal.

«[…]Había en Coaña hace muchos años, un hombre malísimo que odiaba a muerte a un vecino suyo, por el solo motivo de que éste era tan honrado y trabajador como holgazán y bribón era el otro.

El vecino bueno sufría con resignación las infamias del malo, y siempre Dios le salvaba de las mil calumnias inventadas por el infame que había jurado perderle.

Todo el pueblo tenía mala voluntad a Pachín, pero nadie se oponía a su perversidad por temor a las venganzas que pudiera tomar y así vivió muchos años siendo el azote cruel de los tímidos aldeanos. Robó una vez el maíz que un labrador guardaba en su panera y acusó a Pedro, el vecino bueno, de haber cometido el robo. El labrador robado, no tuvo en cuenta los antecedentes del uno y del otro y ayudado por las falsas declaraciones de Pachín y de sus hijos, logró que aplicasen el tormento al desgraciado Pedro: de nada le sirvió a este protestar de su inocencia y fue encerrado sufriendo atroces martirios para que confesase un delito que no había cometido.

Una mañana de aquellas en que el inocente gemía bajo el peso de tan terrible acusación. Carmina, su hija, muchachita de doce años, llevaba sus ovejas a Mafaya: apenas veía el camino, porque las lágrimas que sin cesar llenaban sus ojos, le impedían fijarse hasta en sus amados corderitos, que se quedaban atrás por no poder seguir el rebaño.

-Virgen Santísima- decía la pobre niña- Madre de Dios, llena de gracia, señora nuestra del Rosario, vuélvenos a mi padre y perdona al al que ha jurado en falso, para que no lo castigue Dios como merece.

De pronto cesó de llorar la pastorcita, y se quedó asombrada mirando a una hermosísima señora que la llamaba por su nombre.

-Calla, Carmina- le dijo la señora- no llores más; la Virgen oye tu ruego y te devolverá a tu padre; vete al pueblo y di que la Virgen ha mandado que lo suelten, porque es inocente: acusa tú a Pachín.

-Virgen hermosa, señora nuestra del Rosario, no me creerán; háblales tú, santa bendita.

-Yo no puedo; pero lleva este papel; que lo lean, y si en el camino lo pierdes, vuelve, que aquí en una piedra encontrarás escritas las mismas palabras que contiene.

La dama sacó un pliego de la manga de su vestido y lo entregó a la hija de Pedro, desapareciendo inmediatamente.

Carmina corrió al pueblo dando gritos; pregonando la inocencia de su padre; mostrando el escrito bendecido y diciendo que Nuestra Señora se lo había entregado.

Pachín, como los demás, oyó el alboroto que promovía Carmina; se acercó a ella y le arrancó el papel haciéndolo pedazos, pero en aquel momento cayó al suelo preso de un ataque epiléptico, de resultas del cual quedó mudo y paralítico para toda la vida.

Carmina volvió, seguida de la gene que corría tras ella, al sitio en donde se leía la declaración irrefutable de la Madre de Dios asegurando que Pedro era inocente y que Pachín era el ladrón.

-¿Pero cómo trajo la Virgen esta piedra?-insistí yo después que mi abuelita hubo terminado el cuento.

-En la manga del vestido.»

La narración sigue contando como a la avispada niña no le ha convencido demasiado la explicación de su abuela de cómo llegó la piedra al lugar. Pero del relato podemos extraer varios detalles que os enumero a continuación.

La piedra tenía una inscripción

Es llamativo que la estela de Coaña se consideró durante mucho tiempo anepigráfica, pero la tradición oral parece recordar que estaba inscrita. En 1942 García y Bellido la estudió pero no detectó ninguna evidencia de grafías sobre ella. Sin embargo, tras un análisis efectuado décadas después con luz rasante se descubrió que estaba inscrita.

Una leyenda recogida en el siglo XIX relacionada con la estela de Coaña
Inscripción descubierta en la estela de coaña. Villa Valdés (op.cit)

De las inscripciones se determinaron dos periodos, uno antiguo conpuesto de líneas y algunos caracteres y otro en grafía moderna que incluye la palabra coaña 3.

La piedra la trajo la Virgen

En la tradición asturiana pervive la presencia en las leyendas de una deidad femenina a la que llamamos La Vieya. Parece tratarse de una pervivencia de una diosa madre, que ha sido objeto de varias monografías4 y que está emparentada con la Cailleach de la Céltica atlántica. Entre algunas de sus características está la de ser la responsable de la ubicación de grandes piedras en el paisaje asturiano, leonés o gallego. Entre ellas dólmenes, o estelas, que se consideran mesas, piedras de telar, ruecas, etc…

No me parece descabellado asociar el hecho de que la Virgen hubiera traído la piedra «en la manga» al mito de la Viella / Cailleach en territorio asturiano, pero creo que será mejor que los etnógrafos se ocupen del tema.

Respecto a la ubicación de la piedra, el dios Apolo.

En la obra tenemos además otra referencia de gran valor para el estudio de la pieza. La autora nos cuenta lo siguiente:

«[…]no había vuelto a pensar más en la inverosímil tradición de mi abuelita hasta hace pocos días que llegué paseando al mismo sitio, y advertí que la piedra no estaba en su lugar […] ¿Quién movió esta piedra? pregunté a un aldeano que por allí pasaba.

-No se sabe.
-¿Cómo que no se sabe?
-No señora, porque amaneció así una mañana.
-¿Y nadie ha tratado de averiguar quiénes y porqué han sacado la piedra de su sitio?
-Si señora, suponemos que fueron unos cuantos del pueblo que buscaban al dios Apolo.
Creí perecer de risa al oir esta contestación dada con espontánea naturalidad, y como si hubiese dicho que buscaban una perra chica.
-Yo le diré a usted, continuó el aldeano, presumiendo que mi risa era provocada por la incredulidad, aseguraban que ese dios estaba aquí enterrado con sus tesoros y por eso lo buscaban[…]

Las conocidas como gacetas se distribuyeron con profusión a finales del XIX principios del XX y consistían en recopilaciones de instrucciones para encontrar tesoros escondidos. El tema ha sido tratado con profusión en varias monografías destacando entre ellas la de Jesús Suárez López5, pero sirva como apunte que son una fuente a tener en cuenta para la localización de asentamientos antiguos, como ya se ha demostrado en varias ocasiones.

No es objeto de este post analizar este tipo de contenidos, simplemente recoger la leyenda y traerla de nuevo a la luz y de paso poner en valor a nuestras escritoras asturianas.

  1. Canel, E. (1894). Magosto: colección de tradiciones, novelas y conferencias asturianas originales.
  2. «Eva Canel». En: escritoras.com [en línea]. 31 dic 1969. [Consulta: 3 oct 2008]. <http://www.escritoras.com/escritoras/escritora.php?i=178>.
  3. Villa Valdés, A. (2007) «Reseña del inventario arqueológico del concejo de Coaña y algunos apuntes relativos a su poblamiento histórico». En Excavaciones arqueológicas en Asturias 1999-2002
  4. (Carrín, 2008): La Creación del Mundo y otros Mitos Asturianos, Edición del autor, Uviéu
  5. Suárez López, J. (2001) Tesoros, Ayalgas y Chalgueiros. La fiebre del oro en Asturias. Ed. FMCE y UP. Muséu del Pueblu d’Asturies
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