Monte Bernorio. Foto montebernorio.com
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No os descubro nada si os digo que uno de los grandes vacíos en el estudio de la cultura celta del norte y noroeste de la Península Ibérica es la falta de contextos arqueológicos funerarios. Es un gran problema, ya que es muy difícil conocer una sociedad del pasado si no tenemos apenas ningún resto físico de esas personas. El ámbito funerario proporciona una información fundamental sobre quiénes eran, qué comían, cómo era su sociedad, qué división social existe en su entorno, etc.

El artículo que os enlazo al final del post, habla precisamente de todo esto. Es fruto del análisis  de uno de esos yacimientos que, por fortuna, ofrecen este tipo de información que nos falta. No obstante, y con todas las medidas de precaución para el tema de este blog, está circunscrito a los cántabros, y más concretamente a los del sur del territorio, no a los “montañeses” propiamente dichos, para los que suponemos diferencias esenciales con el patrón descrito, a la vista de las nulas evidencias materiales.

A diferencia del mundo celtibérico, donde parece que tenemos una clase guerrera, o al menos caracterizada para la muerte de esta manera, que nos deja evidencias funerarias, en el norte no tenemos este tipo de contextos, o al menos no de este tipo. Del artículo creo deducir que debemos investigar murallas afuera de los recintos de población, no hacia dentro como tradicionalmente se ha hecho. Es probable que encontremos por fin los “campos de fosas” o de otro tipo donde el ritual se representa. El nemeton castreño en definitiva.

Sin embargo, para mi lo más significativo, es que nos habla de un ritual, un “método”, que puede ser extrapolable a estos pueblos de los que hablamos arriba. Una forma de escenificar el paso al otro mundo, que parece concordar con las suposiciones hechas hasta el momento.

Comenzaría con la exposición del cadáver, una costumbre bien documentada en el mundo antiguo. En esta fase, algunos animales, como el buitre desempeñan un papel como  psicopompo . ¿Simboliza la elevación del “alma” del difunto a otro plano?. Imaginemos que está conectado con el aire, el primero de los cuatro elementos.

Continuaría el proceso con la cremación del cadáver, cuyos restos y los del banquete ritual que acompaña al ritual son el único resto que queda del cuerpo. Unos restos que parecen perder importancia frente al ritual en sí.

Las cenizas que se obtienen tras la exposición al segundo elemento, el fuego, se vierten al cauce del río, u orilla cercana (el agua, el tercer elemento). Algunos de los restos óseos, objetos y restos del banquete se depositan en la fosa, o bajo el túmulo. La tierra, el último elemento.

Lo dicho, os  recomiendo vivamente el artículo (link a Journal of Field Archaeology), a mi me ha parecido que aporta una nueva visión sobre un tema complicado por definición.

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