Tras las huellas de la ciudad sumergida de Argentola, en Asturias. Fuentes escritas

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Redacción
Céltica es una revista atlántica, con vocación de conocer y dar a conocer la cultura celta de la fachada oeste de Europa en el público hispano hablante. Mi nombre es Fon y soy estudiante del Grado de Historia en la Universidad de Oviedo / Uviéu. Gracias por leerme.
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Tiempo de lectura: 11 minutosLa publicación el otro día de la leyenda de una ciudad sumergida frente a la desembocadura de la ría de Avilés, al estilo de las ciudades sumergidas de la céltica atlántica, me dió pie a investigar un poco más a ver qué rastros habrían quedado en las fuentes escritas, o bien determinar si era sólo una micromitología local. Tengo que anticiparos que he encontrado un poco de todo, pero lo que ha aparecido nos permite hacernos una idea más fiel del posible orIgen de la leyenda.

Tengo que decir que, a diferencia de la mayoría de leyendas locales, esta tiene una base histórica en cuanto a la existencia de una ciudad, lo que me lleva a pensar, lo ampliaré en las conclusiones, que quizá hay varias leyendas entremezcladas en esta.

El primero que habla de Argentola es Ptolomeo y no la sitúa allí

Argentola aparece en un listado de etapas de la vía V trazada por Roma que iba de Brácara hasta Astúrica. En esa ruta aparece una ciudad llamada Argentola como última antes de llegar a la actual Astorga. Estaría situada entre los luggones cismontanos, de los que hablamos en otra ocasión, un pueblo prerromano de muy probable origen céltico. Poco más tarde, finales siglo II o principios del III dne aparece en el Itinerario de Antonino, en el mismo lugar con el nombre Argentiolum.

Con el desarrollo del interés por la historia de las naciones despertado del siglo XVI en adelante, se intentan ubicar los nombres de los lugares recogidos por los geógrafos de la Antigüedad, sobre todo la Cosmographia de Ptolomeo, que se convierte en el “atlas” de referencia de la época. Y aquí surgen los problemas. La interpretación de las coordenadas proporcionadas por el geógrafo dan lugar a confusiones.

En las tablas de coordenadas se dan las referencias de las ciudades o lugares significativos de los Conventus siguiendo las rutas principales. Por las coordenadas podemos hacer una clasificación entre las ciudades transmontanas y cismontanas astures, es decir, por encima o debajo de la Cordillera Cantábrica, y así lo hicieron la mayoría de historiadores y geógrafos de la época , colocando Argenteola en el sur, al lado de Astúrica, sin embargo otros ubicaron estas ciudades al norte, en torno a Lucus Asturum, y ahí empieza el lío.

Os transcribo un párrafo de la Asturias Ilustrada de Jose Manuel Trelles de 1786.

Augberro, en el cathalogo que hizo en su Cronicón de los maryres de esta persecucion, al año 300 dice: En Asturias, en la Ciudad llamada Argenteola, los fortissimos martyres Saturnino, Theophilo y Rebocata: de estos mismos martyres de Argenteola hace mencion Flavio Dextro, bien que se encuentra la diferencia, de que en unos Codices se cuenta su martyrio al año 300 y en otros al año 301. sus palabras son: En ARgenteola en las Asturias, […]. Este mismo Martyrio le refiere Liberato Obispo de Girona…Y valiendose de estas Authoridades y otras, el Martyrologio Español a 6 de febrero dice: En España, en Argenteola de Asturias, otros Santos, cuyos nombres son Theophilo, Saturnino y Rebocata Martyres, que con la sevicia de diocleciano, y Maximiano Emperadores, fueron descubiertos por la Solicitud de Daciano Presidente, y Encarcelados, y con varios tormenos perseguidos, por la confesion de la Fe y defensa del Evangelio, a la Corona del Martyrio inclitamente llegaron. Qual sea en Asturias esta Ciudad de Argenteola, en donde padecieron estos Martyres probando que es la que oy llamamos la Villa de Avilés, y assi resulta de Claudio Tholomeo, de cuya autoridad se vale el Martyrologio, para assegurar, ser Avilés lo mismo que Argenteola, y de la misma manera lo asseguran el Maestro Vivar, el Padre Henao y otros, aunque Ortelio con error cree, que Argeteola es lo mismo que oy Medules o Mieres 1.

La tradición se perpetúa, identificación de Avilés con Argenteola

A pesar de lo que a todas luces parece un error, lo cierto es que la tradición que identifica la ciudad con el viejo puerto de Avilés se perpetúa. Creo que el origen está en esta confusión sobre la Cosmographía ptolemaica, pero lo cierto es que me extraña la persistencia del “mito”.

Por cierto, aquí enlazo con otra pesquisa que hice en su tiempo sobre Brigetio, uno de los nombres que se le dan a Oviedo en algunos mapas del XVI y XVII. La confusión es la misma. De hecho Brigetio es una ciudad (Brigaecium) que está documentada entre los Brigaecinos de Benavente como su capital principal.

La traslación a la Asturias Trasmontana de ciudades de la Cismontana dio pie a la incorporación de nombres que no parecen tener nada que ver (Brigetium / Ovetum – Argentola / Auiles). También se debe esta confusión a la concordancia de nombres entre las dos “Asturias”, por ejemplo, cerca de Lancia se sitúa una Gigia, que como veis tradicionalmente se ha asignado a Gijón. Hoy en día se sugiere que Gijón proviene de Saxum, roca y que gigia no pudo dar lugar a Gijón fonéticamente de ninguna manera. Conclusión, hay que hablar con mucho cuidado de los nombres de Ptolomeo. Haré otro post donde identificaremos casi con exactitud algunas ciudades del conventus astvurum en la Cosmografía donde la precisión con lugares excavados es sorprendente.

La leyenda de la ciudad sumergida

Volvemos al territorio de la leyenda. Además doble, porque la encontré en el blog de la parroquia de Miranda, hecho por una leyenda regional, el célebre párroco Jose Manuel Feito, fallecido por desgracia hace unas semanas. Su narración de cómo llegó hasta él la leyenda de la ciudad sumergida de Argentola os lo transcribo y os dejo en los recursos el link al trabajo de recopilación de este fantástico etnógrafo asturiano. Cuenta el párroco.

A mi me la contó hace años un pariente lejano de una viejecita llamada Sofía Álvarez “Casa Pina” que vivía en San Juan de Nieva. Sofía acaso fue el último testigo de una tradición perdida y rescatada del olvido. Ella sólo recordaba la noticia de un pueblo sumergido bajo las aguas, datos que había oído de niña a su vez a sus abuelos…, el resto fue un acopio de rumores, ensueños y lecturas a los que fue preciso echar un tanto así de imaginación. Poco más o menos pudo haber ocurrido de este modo:

“Hace muchos años existió una ciudad amurallada a la entrada de la ría de Avilés. Su nombre era Argenteola. La componían estrechas callejuelas, casucas acurrucadas en torno a una colina, castillos y conventos cuyas campanas tocaban a oración por la mañana, a mediodía y al atardecer…

Un día llegaron al lugar unos artesanos en busca de trabajo. Venían de muy lejos, acaso de las tierras donde aún se adora al fuego. Decían conocer el arte de fabricar campanas, tallar la piedra, trabajar el bronce, el cobre, el hierro… Buscaban un lugar donde hospedarse, un taller donde llevar a cabo su labor, alimento y un poco de paciencia por parte de los hospederos. Nadie les prestaba oídos. Por las calles los niños se mofaban de su indumentaria, la gente sonreía a su paso, los llamaban “coracas”, término despectivo con el que motejaban indiscriminadamente a los recién llegados de otras tierras. Ellos deambulaban de un sitio para otro en silencio, se albergaban donde les era permitido y ganaban con amargo sudor el pan de cada día.

Había extramuros de Argenteola, en lo alto de una roca, un castillo al que una tarde se acercaron a llamar también. Expusieron sus planes de trabajo. Agradó al señor de la fortaleza su extraño porte y sus palabras. No obstante quiso antes someterlos durante un tiempo a prueba y los alojó en un cobertizo, debajo de la torre principal que mira al mar, poniendo a su disposición cuanto era necesario para llevar a cabo la tarea. Era tal su pericia en el trabajo que pronto con su tañido las campanas fundidas por aquellas manos maestras esparcieron por la comarca su fama de artesanos. Unos afirmaban que eran ángeles del cielo, y venían a enseñar a los humanos el arte del fuego y del bronce para que, al correr de los años, otros artesanos de la zona pudieran aprender a trabajar el hierro, el cobre y a fabricar campanas… Pero la mayor parte de la ciudad siguió teniéndolos por gente advenediza, escapada vete tú a saber de dónde, acaso del infierno, (tal era su manejo y pericia con el fuego).

Una noche de noviembre en la que el mar bramaba impetuoso, las olas empujadas por el huracán trepaban por el acantilado cubriendo las murallas con su melena de espuma blanca, y las campanas de los monasterios tocaban a intervalos empujadas por el viento, las fuentes empezaron a manar agua roja, acaso sangre, se tiñó de escarlata el río Neva que cruzaba el poblado, y la tierra entera tembló. La gente corría despavorida bajo una lluvia torrencial, de un lugar a otro, sin encontrar en donde guarecerse o a donde huir, los muros empezaron a desplomarse y la ciudad a hundirse, a hundirse… Se oía el chasquido de las vigas al partirse y el fragor de las piedras al chocar unas con otras. Restallaban como un látigo los truenos. Y bajo el fulgor del rayo, entre desgarradores gritos de los habitantes, la ciudad se sumergía como un barco que va a pique, hasta desaparecer en el fondo de la ría, mientras el mar se abalanzaba tierra adentro como un corcel sin freno.

Cuando cesó el terremoto y amainó la tormenta una luna llena llegaba a la mitad del firmamento. De la ciudad sólo quedaban maderas y cadáveres flotando sobre el agua… Argenteola había sido tragada por el mar y yacía sepultada en el fondo de la ría, una ría que llegaba hasta los pies de un alto monte, La Luz, en donde se rendía culto a la fecundidad, y al sol y al fuego desde lejanos tiempos.

Más no todo desapareció bajo las aguas. Se salvaron algunos arrabales de otro poblado, Noega, donde hoy se levanta parte de San Juan de Nieva. También se libró de la catástrofe un convento cercano a la ciudad y el castillo que había acogido a los dos huéspedes. Cuando abrieron el taller, después de varios días, lo encontraron intacto, campanas a medio fundir, un gran capitel romano…. pero los misteriosos artesanos habían desaparecido sin que nadie nunca más supiera de ellos.[…]

Hasta no hace mucho, poco antes de empezar la nueva industria, las noches de san Juan que había luna llena, aún era posible distinguir en el fondo de la ría torres almenadas, campanarios y castillos…, y escuchar el tañer de las campanas a lo lejos…, ¡tan…! ¡tan…! ¡tan…!, mezclando su sonido de bronce con el lejano repiqueteo de las olas del mar sobre el acantilado”.
(Jose Manuel Feito, 2008)

Varias historias entrelazadas

Del análisis de este relato, creo que se pueden desentrelazar varias cosas

1.- La primera la que os decía arriba sobre el nombre de la ciudad, que parece provenir de la Cosmografía de Ptolomeo y un error de ubicación de la misma. Además en la leyenda se especifica que Argentola no es Avilés sino otra ciudad amurallada en torno a una colina.

2.-La llegada al lugar de dos extraños hererros que por las vestimentas y actitud provienen de fuera del territorio. Son extranjeros, y seguramente llegaron por mar, algo normal en un puerto que tenía contacto con el norte y noroeste de Europa en la Edad Media. Me recuerda vagamente a otra leyenda que está muy difundida por Asturies, tanto que está incorporada a la de mi propia ciudad. Oviedo / Uviéu.

Vereis, el escudo de Oviedo presenta una cruz llamada de los Ángeles. Este nombre le viene por una leyenda sobre su creación recogida en las crónicas medievales, que os transcribo:

Una leyenda, recogida en su obra por el obispo Lucas de Tuy, refiere que Alfonso II el Casto, rey de Asturias, se mostraba deseoso de donar a la iglesia de San Salvador de Oviedo una cruz de oro y piedras preciosas, y que un día, después de haber asistido a misa, y tras haber llegado al palacio real, se le aparecieron dos ángeles, en forma de peregrinos, que comunicaron al rey que eran orfebres. El rey, según recoge la leyenda, les entregó oro y piedras preciosas, y les proporcionó una casa a fin de que pudieran trabajar sin ser molestados. No obstante, el rey quería averiguar a qué clase de individuos había entregado su oro y piedras preciosas y, por ello, envió a varios individuos, uno tras otro, para que viesen lo que hacían los orfebres.

Los servidores del rey, al llegar a la casa donde trabajaban ambos orfebres, observaron que en el interior de la morada había un gran resplandor que impedía contemplar lo que allí ocurría, y fueron a informar al rey, que fue a la casa donde habían trabajado los orfebres y la halló vacía, aunque en ella estaba una cruz que brillaba intensamente. Alfonso II el Casto tomó la cruz y, según refiere la leyenda, la llevó a la iglesia de San Salvador, donde la depositó en el altar. ​(Wikipedia)

Como veis, aparecen dos extranjeros, que conocen el arte del metal y del fuego. Los dos desaparecen misteriosamente. Es posible que recoge Feito y ésta estén conectadas de alguna manera, no entro a determinar cuál es más antigua, pero sin duda parecen una versión extendida y otra resumida de la historia con pequeñas variaciones.

En la de la Cruz de los Ángeles se especula con que los orfebres fueran Lombardos llegados de la corte de Carlomagno con el que Alfonso II mantenía buenas relaciones diplomáticas. Su desaparición misteriosa, es decir, su vuelta a su lugar de origen, daría un lustre legendario a una pieza destinada a una iglesia Catedral.

3.- El castillo cerca de la ciudad. En las inmediaciones de la bocana de la ría de Avilés había dos castillos. Uno el de San Juan de Nieva y otro del de Gauzón, donde fue forjada la cruz de la Victoria (la del escudo de Asturias) según la tradición medieval. Allí existía un taller de orfebrería al que el rey Alfonso III y su esposa Jimena ordenaron la creación de la joya en el 908.

La inundación

Como en muchas leyendas de ciudades sumergidas, existe una cierta base histórica para ellas. Veréis. Avilés está situada frente a una falla submarina llamada el Cañón de Avilés que se desploma a una gran profundidad (y en el que habitan los famosos calamares gigantes).

Se recuerdan varios terremotos importantes, seguidos de tsunamis, quizá el más famoso el que tuvo como epicentro Lisboa en 1755 y que fue recogido por Francisco Fernández Reconco, escribano de la villa de Avilés. Curiosamente tuvo lugar en noviembre, como cuenta la leyenda recogida por Feito.

En el día de Todos Santos de este año de 1755 que nuestra Madre la Iglesia celebra de precepto, estando el día muy claro, sosegado en calma y sin vientos, siendo entre diez y once de la mañana, se reconoció un temblor de tierra en esta villa, y después por noticias que vinieron fue general en todo el mundo […] En cuya ocasión, yo, Francisco Reconco, estando en la plaza mayor de esta villa, frente a la torre del reloj de ella, no siendo horas de dar campanadas, y con el motivo de este temblor, le oí dar siete campanadas chicas. Y de allí a una hora y media vi que los caños de esta villa, con el motivo de remudarse la tierra en su centro, se puso el agua por espacio de más de cinco horas más revuelta y turbia que el barro colorado, pues algunos decían que era sangre. Muchos vecinos de esta villa se salieron de sus casas, juzgando que caían sobre ellos, dando voces. En cuya ocasión estaba la ría vacía del todo, y en el pozo, junto a la puente, se levantó o vino del mar alta un golfo de agua que obligó a flotar los navíos que allí estaban y se dieron unos con otros y dentro de un cuarto de hora volvió a quedarse en seco toda la ría.

Es indudable que estos sucesos dejarían huella en la memoria local de los habitantes de la ría y que pasarían a formar parte de la leyenda local. Por cierto, no es el más antiguo de los recogidos en las crónicas.

Os resalto el detalle de las aguas rojas de las fuentes, que aparece en el relato que construye Feito a raíz de la tradición recogida. Por eso incluí el primer párrafo donde dice que la completa con rumores, historias, etc… que circulaban por la villa de Avilés. Esta crónica debe ser una de ellas.

Conclusiones

En la leyenda de Argentola en Asturias, detectamos una serie de hechos locales que partiendo de una tradición rastreable hasta la Edad Media, conforman una leyenda del tipo, vamos a llamar, ciudad sumergida céltica que con más o menos los mismos patrones se encuentra en todo el atlántico europeo.

Hemos hablado de varias, como la Ys en Bretaña, y me viene a la memoria la de Dugio en Galicia. No solo aparecen en la costa, también en lagos y lagunas de toda la céltica.

Unidos a ellos aparecen trazos de otras leyendas comunes en Asturias, y de la suma de todas ellas se crea una historia moralizante que señala la soberbia como fuente de males para la ciudad. Muy similar al mito universal de la Atlántida de Platón, auténtica obra paradigmática de este tipo de leyendas, sin que signifique ni mucho menos que sea el origen de todas ellas.

A partir de ahí las leyendas tienen vida propia y esta parece que ha pervivido al menos en el ámbito local de Avilés. De hecho leo en hemeroteca que se ha pedido que se conserve la misma entre otras tradiciones y oficios de la ría en un museo o centro de interpretación, e incluso se ha compuesto una obra sinfónica por Rivas Domínguez con este título y que os dejo a modo de final.

NOTAS AL PIE

1 El Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius (1570) dice Argenteola, Asturiae urbs in Hispania, Ptolemaeo. Argentiolum Antonino. Medules Moletius vocat

BIBLIOGRAFÍA Y RECURSOS

TRELLES VILLADEMOROS, Joseph Manuel (1786)  Asturias ilustrada : origen de la nobleza de España, su antigüedad, y diferencias : dividida en tres tomos (1736-1739). Madrid
BARAGAÑO, Ramón (2010) Terremotos en Avilés (Siglos XVI-XX)El Comercio, ed. 13-3-2010.
FEITO, Jose Manuel (2008) El mundo mágico de la isla de San Balandrán. [https://mrbit.es/miranda/SANBALANDRAN.htm]

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