Subimos al castro de monte do Facho. El santuario de Berobreo

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Buff no se cuánto hace que no escribo en Céltica, pero nunca es mal momento para retomar el blog. El COVID y diversas circunstancias nos pararon en seco el viajar hace un par de años y con la reducción del número de kilómetros en la carretera bajó también la necesidad de escribir tan a menudo. Además mi otro proyecto de divulgación, Astures, me ocupa la mayor parte del tiempo.

Pero no he dejado de leer, e investigar sobre algunos lugares interesantes de la Céltica atlántica europea, y uno de los que más tenía ganas de visitar era precisamente este.

El entorno natural es espectacular. Se trata de un espolón de granito sobre la península de Morrazo. Una cumbre a cientos de metros sobre el mar que es un lugar privilegiado sobre el Atlántico. Al oeste las Cíes recortan su figura contra el sol poniente, y al este las de Ons. El conjunto permite abarcar unas cuantas millas sobre el Atlántico y por esa razón es un punto perfecto tanto de observación como de señalización marítima.

Facho hace referencia a hogueras, a fuego, que se prendía para señalizar la costa. En este punto todavía se alza una garita circular de granito que sirvió de vigilancia desde el siglo XVIII y donde se prendía una señal luminosa con fuego si se acercaba algún barco enemigo (inglés sobre todo).

El poblamiento de este lugar queda constatado por la arqueología. De época de los metales quedan piedras con cazoletas y grabados que se pueden visitar a lo largo del camino de acceso al castro.

Lo mismo que una pequeña aldea medieval, de la que apenas se conservan dos o tres viviendas y edificaciones cuadrangulares. Estuvo habitado hasta que se secó el manantial que los abastecía de agua.

El propio camino de acceso en sí es un vestigio histórico que guarda la huella de millares de pasos de personas, ganado y carros que subieron y bajaron por aquí. Pero lo más interesante es el propio asentamiento de la Edad del Hierro. Uno de los más fotografiados y utilizados en promocionar la historia de Galicia, creo que con el castro de Santa Tecla y el de Baroña.

Se ubica en un espacio amplio aterrazado para poder edificar diversos barrios que quedan separados por alturas. Las viviendas son de piedra, circulares, y algunas conservan el banco corrido. En otras existen paredes de separación de distintas estancias. Se ha restaurado bastante bien.

Pero lo más significativo es la cabaña en la que se encontraron varias estelas dedicadas a un dios indígena desconocido hasta el siglo pasado: Berobreo. Lo sorprendente quizá es la persistencia del culto a esta deidad, ya que permanecía activo en el siglo IV d.C. Hay que imaginarse el lugar como una especie de «cementerio» con cientos de estelas votivas (se han encontrado 147), pero en vez de lápidas funerarias con peticiones al dios. Una deidad relacionada con la muerte según dicen, lo que vendría reforzado por la relación con la muerte y el más allá que tienen las Cíes y que quedan marcadas por el espectacular atardecer cuando se pone el sol, que parece «aterrizar» en ellas.

El lugar sería un centro de peregrinación o algo similar. De hecho tenía un taller dedicado a la creación de estelas, ya que se encontraron multitud de piedras que no llegaron a ser talladas.

No sabemos cuándo comenzó el culto, pero es fácil suponer que en época antigua. Lo que se sabe es que en el momento de apogeo de la ocupación romana de la península ibérica, el santuario estaba a pleno rendimiento.

Os dejo algunas fotos más.

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