Stonehenge. Foto licencia C Commons
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Investigadores británicos de la Universidad de Saldford han descubierto que la disposición de las piedras que componen el monumento megalítico de Stonehenge, en Gran Bretaña, proporcionaba al lugar una acústica que ayudaba a que el sonido de las voces y la música se amplificara de forma natural, y además que los sonidos producidos en el interior del monumento no se expandían más allá de la zona circundante.

El experimento se hizo sobre una recreación de las 157 piedras del lugar, erigido entre el Neolítico y la Edad del Bronce, y demostró que la acústica del sitio es similar a la de un cine actual, en el sentido de que recuerda al de una “habitación cerrada, como un cine, en lugar de un espacio al aire libre” (Trevor Cox en Science Direct que podeis consultar en abierto).

La proyección de los sonidos permitió determinar que, por ejemplo, las personas que estuvieran cerca del círculo de piedras, serían incapaces de escuchar con claridad lo que sucedía dentro, también que las piedras no hacen eco cuando reciben las ondas sonoras.