Santa Liberata de Baiona. Una leyenda de cristianos y romanos en Gallaecia

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En Baiona, Pontevedra, te encuentras la iglesia de Santa Liberata. Es un templo de 1695 que tiene un cierto toque a iglesia italiana, como las que vimos en Florencia cuando viajamos por Italia. El templo tiene una leyenda interesante que proviene del siglo II d.C. y que está relacionada con la dominación romana de esta zona de Gallaecia.

En tiempos del Imperio, la leyenda cuenta que Baiona (nota: que se llamaba Balcagia por aquel entonces, aunque no encontré referencias claras de dónde proviene este topónimo. Hoy en día es el nombre de una bocatería de la ciudad 😀 ). Sigue la historia contando que era la sede de Lucio Catelo Severo gobernador romano de Gallaecia y Lusitania.

El mandatario estaba casado con Calsia, De la familia del emperador Trajano. En 122 Lucio recibe la orden de desplazarse a la Tarraconense, según unas versiones, otras dicen que como gobernador salió a recorrer el territorio. La cosa es que Calsia estaba encinta por aquel entonces y no acompañó a su esposo en el viaje, y dió a luz cuando él aún no había regresado.

Sucedió un hecho extraordinario, y es que la mujer tuvo nueve hijas en el mismo parto.  Temiendo que este suceso fuera interpretado como un indicio de infidelidad por parte de su esposo, tomó la decisión de deshacerse de las niñas y mandó arrojarlas al río Miñor, frente a Ramallosa.

La encargada de tan atroz tarea era una sirvienta de confianza llamada Sila. Afortunadamente la conciencia de la muchacha le impidió matar a las niñas, y en vez de eso las fue dando a mujeres de buena reputación de los alrededores para cuidarlas.

Pasados algunos años las muchachas ya habían crecido, siendo bautizadas como cristianas con los nombres de Genivera, Liberata, Victoria, Eufemia, Germana, Marciana, Marina, Basilisa y Quiter. Una versión de la leyenda dice que el sacramento se lo dió el obispo San Ovidio.

Con la llegada de las persecuciones a los cristianos en todo el Imperio, las muchachas, junto con otros presos fueron entregadas al gobernador para que fueran juzgadas. Catelo enseguida se dió cuenta del tremendo parecido que las chicas tenían con su esposa y de que eran sus hijas.

Estaba entre cumplir las órdenes imperiales o alabar a sus hijas, así que trató de convencerlas de que abandonaran su fe o sería objeto de torturas cómo indicaba la ley romana. Las chicas se negaron a abandonar su fe y todo apuntaba a que iban a ser ejecutadas de inmediato. Pero la historia da otro giro y nos cuenta que consiguen escapar de la mazmorra romana, dispersándose en varias direcciones.

Todas menos una fueron capturadas y decapitadas, menos Liberata que consiguió ocultarse en la espesura de los bosques alimentándose de raíces y bayas.

Cuentan que la entregaron los que atrapados por su belleza la querían hacer perder la virginidad, a lo que ella se negaba ya que se había entregado al dios cristiano. Por tanto fue ejecutada por decapitación en la ciudad romana de Castraleuca en la Lusitania (actual Castelo Branco en Portugal).

Sus restos acabaron en el sur, en Sigüenza y fueron trasladados a Baiona en 1515, bueno, solo un fémur, ya que otros huesos como algunos del cráneo están en la Catedral de Oviedo.

Las fotos de la capilla las hice estos días de paseo por la villa.

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