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Hace unos años, esta pregunta sonaría absurda. ¡Pues claro! sería la respuesta más aceptada por la mayoría de asturianos. Hoy en día son varias las voces que ponen en duda que Gijón haya albergado alguna vez una ciudad de cierta entidad en la Antigüedad.

Dos visiones enfrentadas. Por un lado la institucional

Por un lado está la parte institucional, encabezada por el consistorio de Gijón, que se apoya en resultados de más de 30 años de investigaciones de varios arqueólogos de prestigio, dirigidos principalmente por Carmen Fernández Ochoa. El propio Ayuntamiento, con el Ministerio de Cultura financia durante todo este tiempo las intervenciones arqueológicas.

Esta parte defiende que la muralla de Gijón, la del cerro de Santa Catalina, alberga los restos de una ciudad romana de cierta entidad en territorio astur. Descartaría su fundación como puesto militar de control del territorio central de los territorios astures transmontanos, y lo fundamentaría en el comercio, como punto clave de la ruta comercial entre Lusitania y Aquitania, además de ser el final de la Ruta de la Plata, es decir, de tener una conexión viaria con la Meseta.

Esta ciudad sería además la “capital” del territorio, una “caput civitas” desde la que se administrarían estas tierras.

Para ello se sustenta en los restos arqueológicos descubiertos hasta el momento. Una fábrica de salazón (del siglo III d.C.) y sobre todo unas termas situadas bajo explanada de la iglesia de San Pedro y por supuesto las murallas. Han creado la marca “Gijón Romano” el año pasado y se ha presentado a todos los niveles.

Os dejo enlaces de todos estos restos en páginas de la administración pública. Y si haceis una pequeña búsqueda de las publicaciones de Dª Carmen Fernández Ochoa encontrareis material de estudio. Por ejemplo este “Arqueología de Gijón en época romana

La otra versión, Gijón nunca fué una gran ciudad romana

Durante mucho tiempo la visión que iba forjándose del Gijón romano como resultado de las excavaciones arqueológicas no se discutió, o al menos no con la intensidad con la que ha vuelto a saltar a la palestra. Lo cierto es que en los últimos años estamos viendo un repunte de las críticas a esta visión institucionalizada.

Según autores como Sergio Ríos, o César García de Castro, de lo que hasta ahora se ha excavado en Gijón después de 30 años se puede interpretar que el poblamiento romano del cerro corresponde a una ocupación privada a final del siglo I d.C. casi 100 años después del final de las guerras astures, posiblemente una villa marítima con unos baños asociados.

Este asentamiento es el que está identificado en la parte SE del cerro (zona de las termas), y concentra el poblamiento estable del cerro, según los resultados de las excavaciones. En el siglo III, la villa romana ha crecido y potencia su actividad económica con una pesquería, a la que pertenecerían los restos de la fábrica de salazón. Es en torno al 300 cuando se rodea el cerro con una potente muralla, que algunos autores como Jorge Cordovilla han explicado (ver vídeo) como consecuencia de la transformación del lugar en un puesto defensivo militar que protegiera la ruta marítima atlántica, hacia Britania, en relación a la piratería. Sin embargo no se ha atestiguado un aumento de la ocupación ni cambios aparentes más allá de la creación de la muralla. La vida en la ciudad permanece estable hasta el siglo V y VI, época en la que languidece.

Villa de Veranes, también en Gijón
Villa de Veranes, también en Gijón

Es decir, se trataría en orígen de una villa romana, que parece ser la forma más común de poblamiento romano en Asturias hasta la fecha, con ejemplos muy notables en todo el territorio, y que con el paso del tiempo, el lugar donde se asentaba, y dado el carácter comercial alcanzado y como punto estratégico fué convertido en un fuerte militar dentro de un plan de fortalezas costeras que protegían la ruta naval de cabotaje por el Cantábrico.

Tampoco está claro que la Vía de la plata llegara hasta allí ya que no se ha encontrado ni un solo miliario que lo demuestre, por ejemplo. Algunos autores consideran que esta vía sólo llegaría a Astorga, siendo el resto de vías que penetraban en los territorios astures meras prolongaciones secundarias.

¿Un Gijón romano sobredimensonado?

Por ejemplo, desde el verano pasado se han intensificado las campañas en prensa en diversos medios, regionales y nacionales, hablando de Gijón como paraíso de los restos romanos del norte de España. (¿en serio?)

Bueno, creo que ya lo comenté en otra ocasión con motivo de la visita a la exposición Roma & Xixón durante el año pasado. La verdad es que me sorprenden esas afirmaciones, cuando a un centenar de kilómetros al sur, tenemos la ciudad de León, con un campamento romano bien documentado y una arqueología imperial excepcional en comparación con cualquier otro lugar del norte (salvo Lugo, o Astorga). Definir Gijón como un “paraiso” de la arqueología romana es cuanto menos, ambicioso.

Dejando de lado estas campañas turísticas, lo que mueve a las voces críticas al Gijón Romano entendido como gran urbe (el origen romano del asentamiento no lo discute nadie), es la interpretación de los resultados arqueológicos.

30 años de inversión pública que no han dado los resultados esperados

Lo cierto es que después de 30 años de financiación pública, los de la teoría de la conspiración (dicho en plan irónico), afirmarían que los resultados son más bien escasos y que el dinero gastado no ha cubierto las expectativas. Más si tenemos en cuenta que otros yacimientos de importancia para la cultura castreña (autóctona) como la Campa Torres podrían haber sido puestos en valor a un nivel mucho mayor que el actual. Sigo hablando de Gijón, para los que vivís fuera. La población de esta zona, los Cilúrnigos, dieron soldados a varias unidades auxiliares del ejército romano, que encontramos en el muro de Adriano, en el fuerte de Chesters.

Orfebrería Castreña. Campa Torres

Un sector relaciona esta actuación municipal con la política. El que Gijón haya sido en la Antigüedad capital de un territorio que correspondería a grandes rasgos con la Asturias actual, es para algunos el fundamento necesario para que la ciudad más grande de la Comunidad Autónoma sea por derecho propio la capital en detrimento de Oviedo, que según la corriente historiográfica más aceptada es de fundación medieval. Por decirlo de alguna manera, la capital tradicional y antigua de Asturias sería Gijón.

Por tanto, este interés obedecería quizá en una fase inicial a unos intereses políticos (y por tanto económicos) que habrían sido financiados con dinero público construyendo una identidad que no tiene un sustento arqueológico en absoluto. Al no obtener los resultados esperados quizá la idea actual es amortizar esa inversión con un rendimiento económico basado en el turismo cultural.

Vuelvo a poner los pies en el suelo. Ni blanco ni negro

Gijón (el cerro de Santa Catalina) debió ser un punto importante en el territorio astur en la antigüedad, lo que queda sobradamente demostrado por el amurallamiento posterior a la conquista. ¿Un fuerte militar del estilo de los del muro de Adriano? no parece descabellado en un territorio a priori hostil al Imperio. Sea lo que fuere, parece que en el siglo VI entra en decadencia y le va a costar recuperarla unos cuantos siglos. El gran puerto de Asturias fue Avilés en época medieval.

Lucus (Asturum), la gran ausente en este debate, debió ser otro centro importante en la época. No se si tanto como ciudad (amurallada, según dicen), pero al menos aparece citada en las fuentes, como partida hacia la otra Lucus (Augusti). Quizá superaba en importancia a Gijón debido a su posición estratégica de cruce de caminos. Sería necesario excavar más en la zona, aunque se están haciendo algunos trabajos de mucha calidad en ese sentido dirigidos por Esperanza Martín.

Oviedo no pinta mucho en este asunto. Si bien se defiende una fundación medieval, lo cierto es que desde hace años se sabe que hay una cierta ocupación tardo-antigua a la que pertenece la fuente de la calle la Rua, aunque posiblemente se tratara de edificaciones vinculadas a la ruta que iba a Lucus y poco más.

Los castros, los grandes olvidados

Los grandes olvidados de esta guerra son los poblados luggones que salpicaron toda esta zona (en Oviedo hay tres o cuatro contabilizados por el naranco y alrededores) donde viviría la población astur. Pero lo cierto es que para ellos el interés presupuestario de la administración pública es inexistente.

Recreación del castru de Llagú. Autor: Luís Berrocal Rangel.

Se excavaron con cierta intensidad los castros del Navia-Eo con financiación pública (curiosamente pertenecientes al área galaica de Asturias) olvidando por completo el área central y oriental a la que se le atribuye un carácter meseteño y no vinculado al mundo galaico, cuando la realidad de las excavaciones de los últimos años apunta en sentido contrario completamente.

Es decir, parece que nos topamos de nuevo con un discurso arqueológico institucional que sigue más intereses políticos que científicos, donde se ha dotado de mucho más presupuesto el conocimiento de la Asturias medieval (la de la Reconquista) que la castreña y tardo-antigua.

En conclusión, lo interesante del estudio de nuestro pasado es conocer realmente de dónde venimos, es decir, conocer realmente qué fue Gijón en época romana, si una ciudad, un campamento o fortificación costera… y no es poca cosa.

Ya de paso ponerlo en el contexto de una población astur sería la bomba, pero quizá los intereses de quien gestiona los presupuestos para ello no vayan en esa dirección. En fín esto es solo la opinión de un simple estudiante de Historia, no me la tengais muy en cuenta.

2 Comentarios

  1. Hola. Comentarte que el mal llamado “Cerro de Santa Catalina” no se llama en realidad así, nombre impuesto desde ese mismo ayuntamiento al que le importa un pito los nombres históricos. Lo que todos los vecinos viejos y algunos que no somos tan viejos llamamos L’Atalaya es lo mismo que el ayuntamiento confunde con la hoy llamada Batería Baja (nombre sólo existente desde que hay dos, el siglo XIX). Esta llamada Batería Baja o Batería Baja de Santa Catalina es la que en época barroca se llamaba Batería de Santa Catalina, pues en esos años el ejército del rey acostumbraba a denominar todas sus intalaciones con nombres de santos, vírgenes o cristos. Así que se confunde el nombre de un puesto de artillería de costa con el entero peñón que constituye el hoy barrio de Cimavilla. Y lo de L’Atalaya ya sabes: por las ballenas. En todo lo demás de acuerdo: la Ruta de la Plata (nombre medieval) acababa en Astorga y esto no es el foco de Roma que alumbra al mundo. Ni siquiera está claro que el castro de la Campa Torres fuera la antigua Noega, aparte de que éste era un nombre que se repetía (véase Noja en Cantabria y Noia en Galicia, evidentes si pronunciamos el nombre correctamente, Nóega, y no como se suele hacer, Noéga) Saludos.

    • Gracias Carlos, conocía el nombre de la Atalaya, de hecho tengo ahí en la reserva un post dedicado precisamente a la caza de la ballena en Asturias y su relación con la navegación al norte. La verdad es que uso el nombre de Santa Catalina como un convencionalismo, para que la gente se ubique, pero está genial el que hayas precisado cual es el topónimo tradicional. Muchas gracias!

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