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Los últimos resultados de las excavaciones castreñas nos dan un periodo de fundación de los poblados entre los siglos VIII y VI a.C. Un periodo oscuro, prácticamente sin fuentes escritas que nos ilustren, y en el que apenas estamos empezando a vislumbrar un horizonte arqueológico como para sacar conclusiones definitivas.

A esa época pertenece esta historia, la de la única fuente que tenemos sobre los habitantes del occidente de la Península ibérica por entonces, la Ora Marítima de Avieno.

La Ora marítima (costas marítimas en latín) es una obra escrita en el siglo IV por Rufo Festo Avieno en la que escribe sobre las costas mediterráneas y atlánticas de Europa tomando como fuentes relatos de marinos del siglo VI A.C. Entre los que cita Avieno se encuentran textos de Hecateo de Mileto, Escílax, Heródoto o Tucídides.

Quizá el más importante de los textos usados es el que se llama genéricamente Periplo massaliota. Una especie de guía comercial para otros navegantes que se lanzaran a las costas de la ruta del estaño. En él se describen sobre todo rutas marítimas usadas por comerciantes fenicios y de Tartessos.

El periplo comienza en Massilia (la Marsella actual) y parte rumbo al occidente hasta Gadir (Cadiz) y desde ahí hacia el norte, en dirección a Bretaña, Irlanda y Gran Bretaña. Además de una descripción geográfica, es la fuente escrita explícita que hace referencia a un contacto comercial entre el mediterráneo y el occidente de Europa, en el que las costas de Portugal, Galicia y Asturias están inmersos, y por tanto nuestra cultura castreña.

Volvamos a nuestros poblados.

Aquí la arqueología acude a reunirse con las fuentes escritas, y con algunos hallazgos en los yacimientos del noroeste, confirma ese contacto comercial, que debió ser mucho más amplio de lo que conocemos. Daros cuenta de que las rutas comerciales eran una especie de “secreto” bien guardado para evitar la competencia con marinos de otras nacionalidades y preservar las rutas en exclusiva, por tanto es lógico que no se hablara de ellas en abundancia.

Encontramos en los castros materiales provenientes del mediterráneo y de las culturas atlánticas, algunos habrán llegado por tierra lógicamente, pero otros es más que probable que lo hicieran por mar. Si Galicia estaba en las rutas comerciales, Asturias era una productora de metales, que seguramente tenían salida por los puertos cantábricos. Un intercambio comercial y cultural que le da el carácter identitario a la cultura de los castros.

Avieno nos da nombres: Oestrimnios y las serpientes

En la descripción de la costa desde Pont du Raz en Bretaña hasta la costa atlántica de Iberia, los de Massilia empiezan diciendo que al norte están los Oestrimnios, nombre que puede ser interpretado como los del extremo oeste, o los del alto oeste. Parece ser que esas tribus estaban ubicadas también en el norte y oeste de Iberia. Todo apunta a gentes del megalitismo y del bronce, ocupando la fachada occidental de Europa en todo el golfo de Vizcaya y quizá más al norte. (Hablaremos de ellos en otra entrada). Son pueblos que mantienen un contacto comercial y cultural muy intenso en todo el arco atlántico y una cultura con una identidad rastreable a lo largo de toda esta franja de costa Europea.

Y aquí vienen los primeros datos interesantes. Nos cuentan que hubo un desplazamiento de pueblos en esa época. Los oestrimnios de Iberia fueron desplazados por una “plaga de serpientes” que los expulsaron, quizás hacia el norte, donde los localizó el massaliota en el siglo VI a.C.

Os dejo el párrafo:

“Tras aquellas tierras, sobre las que antes hemos hablado,de nuevo se abre una gran ensenada, que abarca una extensa llanura marina hasta Ofiusa. Retrocediendo desde su litoral hacia el llano del mar interno por donde dije antes que el mar,al que llaman Sardo, se adentraba en las tierras,se emplean siete días de marcha a pie. Ofiusa presenta un flanco tan prominente hacia adelante,cuanto oyes que se extiende la isla de Pélope en tierras de los griegos. Al principio se la denominó Oestrimnis,y los habitantes de estos lugares y campos eran los oestrímnicos; posteriormente una plaga de serpientes puso en fuga a sus habitantes y logró que esta tierra quedara despojada hasta de su propio nombre.”

Oestrimnios, plagas de serpientes y dragones

¿Serpientes?

Quedó la tierra despojada de su viejo nombre y pasó a llamarse Ofiusa, la tierra de las serpientes. Desde Schulten se interpreta que la referencia a las serpientes nos da pistas sobre una cultura que tenía como animal totémico a ese animal. Siempre me viene a la mente la referencia de que San Patricio expulsó a todas las serpientes de Irlanda 1.500 años después, en clara referencia al culto pagano. Efectivamente se trata de una llegada de pueblos celtas a través de los Pirineos provenientes de centro Europa. Por tanto la historia nos remite a una expulsión de los Oestrimnios por la llegada de unos pueblos que podrían ser celtas o estar próximos a ellos culturalmente. Se citan cuatro naciones:

“Los cempsos y los sefes dominan las colinas escarpadas de las tierras de Ofiusa; cerca de éstos, el ágil lucio y la raza de los draganos asentaron sus hogares bajo el rigurosamente nevado septentrión “

A los Cempsii los encontramos en las fuentes escritas en el suroeste de la península Ibérica, cerca de Tartessos, y con un claro componente céltico. Los Saefes o Sefes en la zona de Portugal y el sur de Galicia, y los Draganos (parece que con los Lucios) ocupaban las montañas nevadas del norte, posiblemente parte de Galicia y los territorios históricos de los astures.

Nota mental: ¿Está el culebre astur relacionado con los Draganos de las tribus del hierro?. ¿Es una memoria antigua de un culto de estos pueblos?.

Conclusión

Tenemos un navegante mediterráneo que nos cuenta lo que sabe de las costas que navegaron en busca de metales hacia las islas británicas. Dice que en Iberia y la Bretaña francesa habitaban los oestrimnios (posiblemente un nombre genérico para todos ellos con diferentes etnias), pueblos con una identidad lo suficientemente parecida como para integrarlos en el mismo grupo.

A estas tierras llegó una “plaga de serpientes” (pueblos celtas o protoceltas) encarnados en los Cempsos, Saefes, Lucis (Lusos?), y draganos que barrieron literalmente a los oestrimnios y renombraron las tierras como Ofiusa (tierra de serpientes). Los saefes se ubicaron en la Galicia actual y Portugal, y los draganos en el septentrion nevado (astures). Todo ello antes del siglo VI a.C que es cuando escriben el periplo.

Es decir, estamos claramente ante la primera referencia a los pueblos de la edad del hierro que, según la arqueología, poblaron el territorio en el que surge la cultura castreña del NO de la Península Ibérica. Sin entrar a descubrir su orígen (quedémonos con que la teoría aceptada es  que entraron por los Pirineos), podemos estimar que los Oestrimnicos poblaban estas tierras con su cultura del bronce y que hacia el primer milenio a.C. llegaron los primeros pueblos del hierro iniciando una época convulsa (los expulsó la plaga de serpientes y no quedó ni el nombre), que cristalizó en una cultura de los metales y poblados fortificados que responden a una época de conflictos militares (pueblos de la guerra) entre el siglo VIII y VI a.C.

Saefes y Draganos (y restos de oestrimnios entre ambos hacia el interior), renombrados posteriormente por los romanos como Galaicos y Astures, ya asentados durante todo ese milenio en sus definitivos solares.

Oestrimnios, plagas de serpientes y dragones

Final

Personalmente creo que es tan genérico hablar de Draganos como de Astures, es decir, que son denominaciones genéricas dados por viajeros mediterráneos a grupos de pueblos que englobarían muchas etnias distintas. Es más que probable que entre los draganos hubiera Pésicos, Lugones o Albiones por ejemplo, que explicarían la concordancia de nombres de tribus celtas entre las distintas naciones de la antigüedad después de estas migraciones.

Tampoco creo que haya que tomarse al pie de la letra la historia de que las “serpientes” acabaron con los oestrimnios y no quedó ni rastro de ellos. Aquí la arqueología acude a ilustrarnos y nos cuenta que la transición entre una cultura y otra no fue radical, sino que en pleno hierro castreño encontramos mucho del bronce.

Lo cierto es que la cultura castreña surge en ese periodo, creemos que conflictivo, de finales del bronce, cuando una nueva cultura entra en escena en el Noroeste. Me parece más cercano llamarles “Draganos” que “gentes de la cultura del bronce final y principios del hierro”. Hablaremos más sobre ellos sin duda.

 

 

 

 

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