Bellotas en el Nemet de Locronan. Bretaña. Foto Céltica
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Hoy me apetece escribir sobre una palabra que desencadena siempre un sentimiento de asombro, curiosidad, etc. Hablo de la palabra Nemeton, un vocablo que designa a un espacio sagrado en el mundo celta.

El bosque sagrado.

Pocas palabras que por sí solas infundieron más respeto a las legiones romanas en tiempos de la guerra de las Galias.  Un ejército cuya superioridad era manifiesta en campo abierto, poco tenía que hacer en los espesos bosques del centro de Europa, como averiguaron después entre los germanos de Arminio en Teutoburgo.

El nemeton era el claro del bosque, o esa parte sagrada del bosque, donde los druidas se reunían para oficiar sus rituales. El misterio que rodeaba a su religión así como una bien tramada campaña de difamación por parte de los historiadores romanos, construye una de las imágenes más expresivas del culto sagrado celta, que se ha perpetuado hasta nosotros.

Sin embargo es posible que en distintos lugares hubiera tenido distintos significados, como parece poner de manifiesto la pervivencia de este topónimo en lugares no asociados a bosques, reduciéndose su significado al de “lugar sagrado”.

Nemeton
Tumba de Merlín en el Bosque de Broceliande
Pervivencia en las lenguas celtas y epigrafía antigua

La palabra se encuentra entre las lenguas antiguas celtas y ha llegado hasta la actualidad.

Celta peninsular (nimmedo, Nemeto-, etc) Galo (νεμητον) nemeton/nimidas; Antiguo galés niuet (nimet/nimed), galés medio nyfed, córnico antiguo *neved, córnico moderno neves, bretón nemet además de niuet/nyuet; irlandés antiguo (n. o-stem) nemed, irlandés moderno neimed, y escocés gaélico neimheadh.

En la epigrafía astur, que es alguna de las que mejor conozco tenemos al menos tres ejemplos de uso de la palabra entre los astures transmontanos (lápida de Uxo, dedicada al dios Nimmedo Assediago, o guardián del bosque sagrado entre los Luggones), y los cismontanos, como la ciudad de Nemetobriga entre los Tiburos, donde encontramos la palabra nemeto- bosque sagrado y briga- ciudad.

En Celtiberia tenemos Nemedus Augustus, en Segovia. En la Galia tenemos a Nemetona, la esposa de Marte, fruto de la interpretatio romana, y muchos otros más. De hecho estaba el famoso bosque de los Carnutos, un nemeton especial donde se ubicaba el centro de toda la Galia, según César. En la Britania romana, a través del cosmógrafo de Rávena tenemos Nemetobala (campamento romano), Nemetostatio, Medionemeton en las inmediaciones del muro de Antonino, etc… y entre los gálatas tenemos Drunemeton, su santuario más sagrado.

En el irlandés ha llegado hasta nosotros en Nemed, el líder del tercer pueblo asentado en Irlanda según el Leabhar Gabhala. La palabra significa simplemente “sagrado” o “santo” en irlandés antiguo.

Nemeton
Fuente de Barenton, probablemente un antiguo lugar de culto druídico. Bretaña. Foto Céltica
El bosque sagrado de los druidas en las fuentes clásicas

“Estos druidas, en cierta época del año se reúnen en los límites de los Carnutos, cuyo territorio es considerado como el centro de toda la Galia, y se sientan en cónclave en un lugar consagrado. Allí se reúnen, procedentes de todas partes, todos los que tienen algo que discutir, y ellos obedecen las decisiones y juicios de los druidas”.
César, De Bello Gálico VI, 13.

“Las arboledas más interiores de bosques alejados son vuestras moradas.”
Lucano, Pharsalia, I 450-8 hablando de los druidas

“Una fuerza se pone por encima del conquistado, y sus arboledas, dedicadas a supersticiones inhumanas, son destruidas. En realidad ellos consideran un deber cubrir sus altares con la sangre de cautivos y consultar a sus deidades a través de las entrañas humanas.”
Tácito, Anales XVI, 30

La más completa descripción de todo lo que hemos dicho hasta ahora. Lucano

Os dejo la que es para mi la mejor descripción de un bosque sagrado druídico según la mentalidad de un romano. Tened en cuenta que la literatura épica romana fue utilizada como propaganda política, por lo que las descripciones no suelen adecuarse a la verdad, pero entre líneas podemos apreciar el choque de dos culturas antagónicas, una que rendía culto a sus dioses en bosques de columnas de mármol, y otra que los servía en lo profundo del bosque de robles. La cita pertenece a Lucano, III 399-446:

“Habría un bosque sagrado jamás violado desde remotísimos tiempos que cubría con sus ramas entrelazadas tenebrosos espacios y sombras heladas, en cuyas profundidades no penetraba el sol. No lo poseen los campestres Panes, no las ninfas o los silvanos, dueños de las forestas, sino templos de dioses de ritos bárbaros, aras que soportan siniestros altares y árboles purificados todos con sangre humana. Si alguna fe nos merece la antigüedad admiradora de los seres celestiales, los pájaros temen posarse en aquellas ramas y temen las fieras ocultarse en aquellas guaridas; tampoco se abatieron sobre tales selvas ni el viento ni los rayos que saltan de las nubes sombrías, estos árboles cuyo ramaje no se ve agitado por brisas ningunas, inspiran un horror particular.

Allí cae un agua abundante de fuentes umbrosas, y las tétricas estatuas de los dioses, carentes de arte, se levantan informes sobre troncos cortados. El mismo moho y palidez que cubre a los árboles podridos causa estupor; no es por t