Navegación en el occidente atlántico entre los siglos VI y I a.C.

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Redacción
Céltica es una revista atlántica, con vocación de conocer y dar a conocer la cultura celta de la fachada oeste de Europa en el público hispano hablante. Mi nombre es Fon y soy estudiante del Grado de Historia en la Universidad de Oviedo / Uviéu. Gracias por leerme.

Tiempo de lectura:10minutosUno de los aspectos que más me llaman la atención de la Edad del Hierro es el de las comunicaciones entre las zonas atlánticas de Europa. Este artículo es una breve aproximación a un tema que enraiza con los orígenes y caracterización de las sociedades protohistóricas de la fachada oeste del continente.

Durante el Bronce Atlántico, entre el 1200 a.C. y el 800 a.C. aproximadamente, encontramos un amplio registro arqueológico que evidencia contactos materiales entre regiones como el Cantábrico y Bretaña o Irlanda y el continente. Es lógico pensar, que en un territorio esencialmente costero, la navegación ha sido fundamental en este proceso.(CUNLIFFE, 2019)

En cuanto a los intercambios puede surgir la duda de si fueron contactos directos o una cadena de intercambios que favoreciera la dispersión de esas ideas y materiales. Como siempre, la respuesta no es sencilla y unívoca, y parece razonable pensar en una red de intercambios a corta distancia, y a la presencia de ciertos agentes con una capacidad de recorrer mayores distancias.

Me pregunto cómo era ese proceso de intercambio y me parece sugerente que la vía marítima, probablemente una de las menos estudiadas, sea un factor a tener en cuenta en la configuración cultural de los grupos humanos que poblaron esos territorios durante el último milenio a.C. No el único, desde luego, pero sí uno que deja una impronta evidente en las sociedades en las que se detecta, y de la que carecen los territorios del interior contribuyendo a la delimitación de un espacio atlántico con unas características comunes.

El artículo lo he estructurado a través de una serie de preguntas intentando averiguar las respuestas en base a las líneas de investigación sobre el tema.

¿Se navegaba en el Atlántico en la Edad del Hierro?

Pues si, de hecho varios milenios antes. La expansión del Neolítico por el Mediterráneo se realizó por vía marítima esencialmente, hecho que contribuyó a la velocidad de implantación en todo el sur del continente. La frontera oeste de la expansión de los productores de alimentos está en la costa atlántica de la Península Ibérica, en lo que hoy es Portugal, por lo menos que sepamos hasta el momento (ZILHAO, 2014).

El Fenicia a su paso por África. Foto: https://www.phoeniciansbeforecolumbus.com/the-ship

Por tanto, las sociedades metalúrgicas tuvieron conocimientos náuticos más o menos desarrollados, provenientes de una tradición local antigua que les permitían, al menos, hacer singladuras similares a las que se suponen para los grupos humanos neolíticos, es decir, navegaciones cortas, transporte de mercancías y personas y un dominio de las condiciones marítimas y de la orientación como para repetir los viajes y crear circuitos comerciales.

Cuando César puso sus ojos en Britania en el siglo I a.C. lo hizo a sabiendas de que existía una ruta comercial naval que era muy apetecible para los intereses de la República, e incluso un puente ya creado entre el continente y su objetivo militar.

¿Qué embarcaciones se utilizarían?

Tenemos varias fuentes sobre los tipos de embarcaciones que surcaron las costas atlánticas. Básicamente dos: la Arqueología y las fuentes clásicas, tanto las relacionadas con las expediciones navales griegas y fenicias más allá de las Columnas de Hércules, como las relativas a la conquista romana de los territorios del occidente de Europa.

La Arqueología nos dice que el primer tipo de embarcación con capacidad de hacer pequeñas incursiones en el litoral fue la piragua monóxila. De ella tenemos dos referencias en Galicia, una réplica se puede ver en el Museo do Mar, en Vigo. En Francia unas 160 asociadas a lagos, ríos y estuarios, en las islas Británicas incluidas las del Canal de la Mancha un buen número de ellas. En realidad es un tipo de embarcación primitivo que tiene su origen en el Mediterráneo oriental y que se expandió a medida que lo hacían los grupos de agricultores y ganaderos. Lo encontramos en las aguas del norte de Europa, en los lagos del interior del continente y en las rías del Atlántico.

La piragua monóxila tiene cualidades suficientes, como ha demostrado la arqueología experimental, para soportar el tráfico de personas y animales a asentamientos situados a pocos días de navegación. Algunas de ellas incluso presentan restos de hogares, que se utilizarían en las noches de navegación para cocinar y calentarse.

Canoa monóxila de Must Farm. Foto Mustfarm.com

De hecho sabemos que debían ensamblar al menos dos cascos uniéndolos con plataformas de madera por la borda, lo que darí lugar a un catamarán con una capacidad mayor de carga. En Galicia hay testimonio de esta configuración, también parece quedar demostrado por la presencia de otros restos arqueológicos que apuntan en este sentido en canoas de otras partes del continente.

Es probable que su uso se iniciara en los ríos y en los estuarios, y que poco a poco, quizá en busca de nuevos recursos marinos las tripulaciones se adentraran más allá. De ahi a recorrer pequeñas distancias hay un paso. La mar es una zona sin fronteras y no está protegida por tribus hostiles, lo que facilita el tráfico de mercancías, dentro de las limitaciones que el propio medio ofrece.

En el Cantábrico aparecen documentadas en el País Vasco, por ejemplo, en el entorno del estuario del Bidasoa. En las fuentes escritas Estrabón habla de ellas y de barcas de cuero entre los pueblos del norte de Iberia, en su Geografía.

Las fuentes escritas, como digo, ya que las evidencias arqueológicas son muy difíciles de encontrar, nos hablan de las embarcaciones de cuero. En realidad hablamos de armazones ligeros de madera recubiertos de pieles embreadas, o enceradas, que sirvieron para el transporte de pequeñas tripulaciones con carga. Son los antepasados de los actuales curraghs y coracles, que encontramos en Irlanda y Gales. Las fuentes clásicas nos hablan de que estaban en uso cuando los griegos y fenicios arribaron a las costas del atlántico europeo. Son varios los pasajes como la Ora Marítima, donde se menciona su uso por pueblos de la edad del Hierro, tanto de las islas como del continente.

El Curragh Naomh Gobnait. Museo do Mar de Galicia, Vigo. Exposición O Camiño do Mar.

“Aquí hay un pueblo de gran fuerza, de ánimo levantado, de eficaz habilidad, dominando a todos la pasión por el comercio; con barcas de pieles cosidas surcan valerosamente el turbio mar y el abismo del Océano lleno de monstruos; pues ellos no supieron construir sus naves con madera de pino ni de acebo, ni tampoco con el abeto curvaban las barcas como es costumbre sino que, cosa digna de admiración, siempre construían las naves con pieles unidas, recorriendo con frecuencia sobre tal cuero el vasto mar”

¿Navegarían a vela?, no lo sabemos ya que no tenemos restos de ninguna embarcación de esa época, sin embargo, a diferencia de la piragua monóxila que se supone casi con seguridad que navegaba a remo, el curragh puede montar un mástil sin problema, con velas de tela o de cuero cuya capacidad de confección estaría al alcance de los grupos humanos de la costa atlántica. Lo que si sabemos es que la técnica actual de ensamblaje de remos aparece en partes tan alejadas como Galicia e Irlanda, con sistemas destinados a sujetar el remo cuando no se usaba seguramente para facilitar las tareas pesqueras, lo que nos da una idea del uso principal de estas embarcaciones.

En cuanto a las embarcaciones de mayor calado tenemos varias fuentes históricas que las mencionan. Básicamente serían las de los piratas germanos, próximos a Britania, y la de los galos Vénetos, bien documentada por el relato del intento de conquista de César de la isla.

De las primeras no comentaré mucho, porque se escapa del ámbito de este artículo, pero sí que diré que se considera que tuvieron mucha influencia en la manera de construir las embarcaciones de madera ensamblada antes de la llegada de los romanos.

Moneda de Cunobelinus. Jefe de los Trinovantes, con un barco véneto representado.

De las segundas César nos dice:
“Construyen sus embarcaciones con el fondo algo más plano que las nuestras, para poder maniobrar así sobre los bancos y en las aguas poco profundas de la marea baja. También construyen las proas y las popas muy altas contra los grandes oleajes. La madera es toda de roble para hacerlas más resistentes a los golpes de mar. Las cuadernas son gruesas vigas de un pie de anchura sujetadas con clavos de hierro de una pulgada de espesor. Las anclas se amarran con cadenas de hierro en vez de cabos. En lugar de velas, pieles y cueros delgados, posiblemente porque no tienen lino o porque no saben utilizarlo, aunque
probablemente se deba a que consideran que la lona no aguanta la violencia de las tempestades del Océano y la furia de los vientos sobre embarcaciones tan pesadas (Bell. Gall. III, 13).

Las características de estas embarcaciones son de fondo plano, muy útil sobre todo para las grandes mareas de la costa bretona, tanto del Canal de la Mancha como del mar de Iroise. Lanchones comerciales con sistemas mixtos de velas y remos, compuestos de maderas unidas con técnicas de carpintería de ribera que permiten distinguirlas de los tipos de barcos construidos por los romanos y que serían fácilmente transformadas en navíos de guerra para el transporte de tropas y armas.

“Fabrican unos barcos de casco achatado y prominentes por la proa y por la popa..” (Estrabón, Geografía, IV, 4, 1).

Algunos autores las han relacionado con técnicas de construcción naval griegas o fenicias. No sería extraño que aprendieran a construir las naves por contacto con estas expediciones mediterráneas y que luego las adaptaran a las circunstancias específicas de su zona de acción.

Barco celto-romano de BlackFriars. Londres

Lo cierto es que cuando llegan los romanos, la flota véneta está mucho mejor preparada para la guerra naval en el atlántico que la flota romana, creada para las condiciones mediterráneas. Aún así los barcos de los siglos I al III d.C. ya muestran una clara influencia de los barcos imperiales por lo que podemos determinar un proceso evolutivo constante, abierto a la incorporación de nuevas ideas y técnicas.

A estas habría que añadir la presencia de embarcaciones griegas y fenicias. Al menos tenemos constancia de evidencias arqueológicas en toda la costa atlántica, que pondría de manifiesto un comercio fluido entre el sur de la Península Ibérica y el noroccidente por vía marítima. No solamente en ese sentido, ya que parece razonable pensar que hasta los emplazamientos de las Rías Baixas llegaban mercancías procedentes tanto del Atlántico como de otras zonas del noroeste y norte peninsular cuyo destino eran los comerciantes mediterráneos, y viceversa.

Las representaciones en petroglifos gallegos de este tipo de embarcaciones parece demostrada, sobre todo con los grabados de Auga dos Cebros y As Veigas.

La aparición de ánforas en el Cantábrico está abriendo una nueva perspectiva sobre el alcance de los recursos náuticos mediterráneos en el norte de la Península. Es más que probable que la ubicación de la mayoría de castros marítimos de las costa norte en lugares que pueden ser considerados fondeaderos naturales nos esté evidenciando una interrelación de los poblados con el entorno marítimo circundante. La evidencia arqueológica no nos da más pistas por el momento, no sabemos si sólo se adentraban a corta distancia para la obtención de recursos pesqueros (parece evidente que en las rías y grandes estuarios era perfectamente posible), o si emprendían expediciones comerciales a más larga distancia.

¿Qué transportaban?

Las naves mediterráneas surcaron las costas atlánticas tanto al norte como al sur de las Columnas de Hércules en busca de estaño, pero también para llevar y traer otro tipo de mercancías. El contacto con ellas queda de manifiesto en el registro arqueológico y en el establecimiento incluso de altares púnicos en ciertos asentamientos costeros del atlántico gallego. No era una relación comercial casual, sino un establecimiento consciente.

Ánforas para el transporte de aceites, salazones, vino… cerámicas de uso común, cuentas de pasta vítrea, recipientes de vidrio, perfumes, etc…

Las embarcaciones locales, más pequeñas estuvieron destinadas sobre todo a la pesca y al transporte de personas ya que su reducido tamaño haría que no fuera rentable un desplazamiento de larga distancia. En Britania tenemos la descripción de cómo llevaban el estaño en barcas de cuero hasta el punto donde descargaban los barcos mediterráneos para recoger y dejar mercancías. (ALONSO-ROMERO, 1987)

Esto lleva a pensar en dos mercados, uno de corta distancia destinado quizá a la obtención de bienes y recursos orientados a la vida cotidiana, (CUNLIFFE, 2019) así como a productos de lujo pero que provienen de recorridos cortos entre comunidades vecinas, y otro de larga distancia en la que el protagonismo lo tienen las grandes culturas marítimas extranjeras que cuentan con la capacidad naval suficiente para emprender este tipo de expediciones.

El tránsito de gente tampoco es desdeñable. Los enterramientos del suroeste de Inglaterra están revelando contactos humanos, y presencia en las tumbas de individuos que habrían nacido en el continente, incluso se especula con zonas como la cornisa Cantábrica como lugares de procedencia.

Todas las naves transportaban mercancías y recursos de algún tipo, pero también cultura y expresiones de tipo artístico a través de los objetos. Quizá algo más. Se plantea ahora que el surgimiento de las lenguas celtas está relacionado con una “lengua franca” que se desarrollaría en el contexto de los intercambios comerciales procedentes del Bronce en el Atlántico Europeo. (CUNLIFFE y KOCH, 2016)

Altar púnico. Castro do muiño. Bajo el Museo do Mar de Galicia, en Vigo

Tampoco olvidemos que la comunicación iba en dos sentidos, prueba de ellos son los Betilos fenicios del Castro da Punta do Muíño do Vento, ubicados en lo que sería una factoría comercial castreña con influencia mediterránea suficiente como para levantar un lugar de culto.

La investigación confirma que este territorio siguió en contacto en el primer milenio a.C. como había hecho en épocas anteriores, y que con la llegada de Roma ese contacto previo se transformó en una eficiente red de puertos y rutas navales que sirvieron a los intereses del Imperio.

Bibliografía

ALMAGRO GORBEA, M. (1988). “Representaciones de barcos en el arte rupestre de la Península Ibérica. Aportación a la navegación precolonial desde el Mediterráneo oriental”. (En: Congreso Internacional El Estrecho de Gibraltar (1984). Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid, 1988, Tm. I, pp. 389-398).

ALONSO ROMERO, F. (1987). “Las embarcaciones de los celtas”. Boletim da Sociedade de Geografía de Lisboa. Enero-Junio; pp. 53-94

CUNLIFFE, B. (2019). Océano. Una historia de conectividad entre el Mediterráneo y el Atlántico desde la Prehistoria hasta el siglo XVI. Desperta Ferro ediciones. Madrid.

CUNLIFFE, B. y KOCH, J. T. (2016). Celtic from the West 3. Oxbow books.

TICHY, R. (2016). “The Earliest Maritime Voyaging in the Mediterranean: View from Sea”. Živá Archeologie. Rea: 26-36

ZILHAO, J. (2014). “Early prehistoric navigation in the Western Mediterranean: Implications for the Neolithic transition in Iberia and the Maghreb”. Eurasian Prehistory 11 (1-2), pp. 185-200.

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1 Comentario

  1. El articulo habla del occidente de Europa pero en el titulo pone el occidente Atlantico, auqnue luego habla del occidente de Europa.

    El occidente Atlántico es la costa de américa: Occidente del latín occĭdens, ‘puesta de Sol, oeste’

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