Fomoré: John Duncan, 1912
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La mitología irlandesa es rica en historias de un inframundo en el que las reglas que rigen en el mundo real se ven alteradas en parte. Una de esas reglas es el tiempo, que discurre más lento para los que entran en él. Seguro que habreis leido historias de héroes o gente común que para las que un día en el Sidhe cuenta como un año en la aldea.

Leyendo un día al gran Constantino Cabal en su trilogía dedicada a la mitología asturiana, encontré una leyenda en “los Dioses de la muerte” que me llamó la atención, ya que desconocía esta creencia en el noroeste. Os la transcribo resumida.

La entrada del Infierno

He aqui un señor procurador que parece un infeliz y que es un pecador de tomo y lomo […]Se murió y se largó al infierno de cabeza. El más desesperado de sus víctimas era un pobre caballero a quien los documentos escondidos importaban la fortuna, tanto que al enterarse de esta muerte salió a pasear al campo y se puso a hablar solo y decirse:

-¡Si estuviera seguro de encontrarlos, iría al infierno a por ellos!…

Y amigos, aquí tenéis que. sin que viera cómo ni por dónde, se le apareció un hombrín con dos magníficas mulas. Le habló del procurador sin decirle dónde estaba… le ofreció llevarle allá, le dió una caballería y se montaron los dos… Salieron los dos como si los llevaran los demonios y fueron a parar a los infiernos…

Allí estaba el Bribón de los papeles ardiendo en una caldera y dando cada grito que espantaba. En cuanto atisbó a su víctima púsose a berrear y a disculparse para que agravara su suplicio…

-Pero ¿Y los documentos dónde están?
-Ay! están en una viga del comedor de mi casa; la tercera a contar desde la puerta…
Y en seguida un alarido:
-Ay! pobrecico de mi, que no supe lo que hice!
El otro ya no le oyó. Echó a correr buscando la salida y ni encontró la salida, ni la mula ni el hombrín. Pero no se amilanó por esta inesperada pequeñez; él era buen cristiano, hizo una cruz, rezó algunas oraciones y se sentó a esperar tranquilamente.
De pronto vió un agujero que se entraba tierra arriba, y oyó una vocecilla cariñosa:
-¡Eh, asómate aquí!
-Se asomó y allá muy lejos, infinitamente lejos, al final del agujero, que terminaba en el mundo reparó que avanzaba una cabeza…
-Diantre, ¿quién es usted?
-Yo soy Santiago…
Y cierto, nada menos que Santiago (el apóstol), el cual le habló de este modo:
-Voy a tirarte un cordón, tú te coges a él, subes y sales…
-Sí señor, Dios sea bendito;
-Y así fue, subió, salió y cuando quiso comer fue a cambiar unas monedas de las que había llevado en la excursión y se las rechazaron con asombro.
-Señor, si éstas ya no pasan!… ¡Si ya son de  hace cien años!
-Ay Dios mío! ¿y dónde estoy?
-¿Pues dónde quiere estar?. Está en Galicia.
Y cierto, el agujero del infierno iba a parar a Galicia. Y el hombre se fue a su tierra, encontró los documentos y se aseguró la fortuna.

(Contado por D. Pedro Fernández Caunedo, cura párroco de Berbes, Ribadesella [a principios del siglo XX]

En el ámbito del mundo prerromano peninsular (muy resumidamente) nos encontramos con un sistema dual para el otro mundo. Existe un plano superior relacionado con el cielo y los héroes de la cultura guerrera, por dioses de la luz, o de la vida. En el lado contrario hay un inframundo, telúrico, relacionado con la noche y la oscuridad, está bajo tierra y se relaciona con la tierra la fecundidad, un lugar de tránsito donde las almas de la gente corriente va una vez que termina su vida. (Rodríguez González, 2019), en ese inframundo o mundo paralelo habitan los sidhe de la mitología irlandesa, o los duendes de las leyendas de tesoros de todo el occidente europeo, o el cuélebre que cuida tesoros en una cueva, es el mundo de la magia y de la “buena gente”, pero es peligroso, puedes quedarte atrapado allí para siempre.

Creo que la entrada del cristianismo vino a asimilar este sistema de creencias, y lo que hizo fue transformar el inframundo prerromano en el infierno de las religiones monoteistas judaicas, un lugar de castigo, algo ajeno a la tradición prerromana occidental. Así mismo, es fácil suponer que la nueva religión prometía el cielo de los héroes guerreros de la céltica hispánica a todos los individuos, transformándolo en el cielo cristiano, algo que también constituía un error de bulto… sin embargo no hace falta decir que lo consiguieron.

Este es el infierno recogido en esta leyenda, que sin embargo, todavía recoge alguna característica especial, como que el tiempo pasa más despacio en el inframundo, o algo más sutil, y es que ese infierno es un lugar de entrada y salida, se puede entrar y volver a salir de él para cumplir una misión. No es extraño en las leyendas bretonas, o irlandesas, pero no tenía constancia de que existiera en el noroccidente de España y me llamó la atención.

BIBLIOGRAFÍA

CABAL, Constantino (1925 [2009]) Los dioses de la muerte: Mitología Asturiana. Ed. Maxtor (facsímil).

RODRIGUEZ GARCÍA, Gonzalo (2019) Los celtas, héroes y magia: La cultura guerrera de la Hispania céltica. Ed Almuzaara