La bahía de Douarnenez, desde una pequeña cala en Les Plomarch.
La bahía de Douarnenez, desde una pequeña cala en Les Plomarch.
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Os hablo de una leyenda que es arquetípica de las que tienen como fondo las ciudades sumergidas. La de la ciudad de Ys, un lugar que quedó sumergido por las aguas y que es parte de la mitología pan-céltica de toda Europa. Esta leyenda del siglo XII es de las más conocidas de toda Bretaña.

La ciudad de las llaves doradas

En la bahía de Douarnenez, una vez estuvo la ciuda de Ys. Le llamaban la ciudad de las llaves doradas. Era un lugar muy bien protegido, con enormes puertas que contenían la marea. Sólo el buen rey Gradlon conservaba las llaves doradas que podían abrir las compuertas.

La maldad de la princesa Dahut

Su hija Dahut, era una mujer muy guapa y también llevaba una vida muy disoluta, vamos a decirlo así. Como resultado de las terribles reprimendas de Saint Gwenolé, el abad de Landévennec, la ciudad tomó el camino opuesto, siguiendo la mala conducta de su princesa. Cada día era un festival de lujuria y Dahut tomaba un amante cada noche. A esta reprobable conducta (según el criterio del abad), la princesa unió el terrible pecado del asesinato, porque a la mañana siguiente mataba a su amante nocturno. Sus cuerpos era tirados en los pozos del bosque de Huelgoat, en las montañas de Arée.

De cómo se abrieron las compuertas de Ys

El demonio vió que este lugar era el escenario perfecto para conseguir almas de los incautos que vivían allí, por lo que una tarde, con la apariencia de un atractivo extranjero, todo vestido de rojo, se presentó a la princesa Dahut quien enseguida se quedó prendada de aquel extraño.

El demonio la convenció de que robara las llaves doradas de Gradlon y a continuación abrió las compuertas que protegían Ys de la furia de la mar. El océano galopó por las calles ahogando a sus habitantes y cubriendo hasta las torres más altas.

El rey, avisado por Saint Gwenolé, galopó a toda velocidad huyendo de su reino, pero de repente vió a su hija y la recogió con la esperanza de salvarla de la desgracia. Sin embargo el peso de los pecados de Dahut hizo que el caballo no pudiera correr tan rápido y las olas estuvieran a punto de alcanzarlos. El santo intervino y el rey siguiendo sus instrucciones dejó abandonada a su hija al océano.

Dahut se convirtió en una sirena, cerca de Douarnenez, en Poul-Dahut (la piscina de Dahut en bretón), que hoy se conoce como Pouldavid, donde la princesa apareció arrojada por las olas en la orilla.

La ciudad volverá a resurgir

Cuando llegaron a tierra seca, el santo y el rey miraron atrás pero ya no había nada, la mar se había tragado la ciudad. Dicen que aún puedes oir en una noche de calma, las campanas de sus incontables iglesias tañendo desde las profundidades y que un día la ciudad volverá a subir a la superficie, y la persona que primero lo vea se convertirá en su rey y tendrá de nuevo su vieja gloria.

Esta historia se cuenta en la bahía de Douarnenez pero con distintas variantes la hay en toda la céltica atlántica.