La hermandad de los Celtas. Carlos Núñez

Últimas investigaciones y vivencias sobre los celtas y su música por uno de sus protagonistas

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Portada. La hermandad de los celtas. Carlos Nuñez
Tiempo de lectura: 3 minutos

Antes de nada tengo que decir que llego tarde a este libro. Me encontré con La hermandad de los celtas ya en su segunda edición y a pesar de que tenía referencias suyas lo fui dejando, por falta de tiempo, para más adelante. Sinceramente ahora estoy convencido de que fue un tremendo error. Es un imprescindible.

En el momento que empecé a leer me dí cuenta de que era una obra necesaria hace mucho tiempo. Necesaria ¿para quién?, pues para todos aquellos que estamos interesados en el estudio de este especial territorio que es el de las costas de la céltica europea. No debe por tanto extrañarnos, que el que para mí es uno de los mejores tratados sobre «interceltismo» que he leído en los últimos tiempos, venga de la mano de un músico. Y es que eso que llamamos «música celta», se convirtió en uno de los elementos que más une a las naciones del corredor atlántico (desde Minho en Portugal hasta Escocia).

Porque la música es el tema central de este libro. Y cómo no iba a serlo si Carlos Núñez a día de hoy encarna como nadie la figura de embajador de los celtas del noroeste de la Península en todo el mundo céltico.

Lo que ha hecho, y creo que conseguido, el gaitero gallego es darle lustre a nuestra música tradicional a través de un profundo estudio tanto musical, como histórico de las raices y relaciones entre ella y las músicas de las naciones celtas. Nadie mejor que un intérprete para conocer la sutileza de las piezas que componen nuestra tradición musical y las de otros países para detectar esas similitudes, que al fin y al cabo no son más que otra muestra más de esa afinidad cultural que nos caracteriza.

No os puedo dar más que la opinión de alguien aficionado a la Historia, y por supuesto a la música celta. Aquella que vivió su boom en los 90’s entre el gran público y que pasó por una especie de letargo hasta hace pocos años. Actualmente estamos viviendo un tibio resurgir en forma de pequeños grupos, festivales, y conciertos, gracias quizá a nuevas formas de difusión como las redes sociales, que nos acercan a grupos y lanzamientos sin movernos de casa.

Mi opinión es que Carlos Nuñez, de forma magistral nos ha puesto de nuevo en el camino. Y para el simple aficionado a la música celta, nos ha dado una especie de manual de interpretación de esos sonidos que estamos escuchando. Os aseguro que ya no veo la interpretación de una bagad bretona de la misma forma que antes, o cómo cambió radicalmente mi visión del arpa irlandesa desde que leí este libro. Pero yendo más allá, las Cantigas de Santa María de las que tengo algún CD de música medieval en mi colección, han salido de las sombras y despertado una curiosidad total por conocer más sobre el orígen de nuestra música.

Dice el autor nada más comenzar el libro

«Tengo que confesar un secreto que los intérpretes de música celta compartimos: aunque muchos de nosotros podamos tener una curiosidad natural por la historia —yo mismo me recuerdo a los trece años indagando sobre los celtas en las bibliotecas—, no es menos cierto que, consciente o inconscientemente, hemos marcado una cierta distancia con el celtismo y en absoluto hemos estado en primera línea. Os preguntaréis, ¿y eso por qué?

El historiador de Cambridge Simon Young iniciaba su aclamado libro de divulgación sobre los celtas publicado hace una década, describiendo una cena en Galicia, a donde había acudido a mediados de los noventa para documentarse sobre Britonia. Cuenta que era su primera incursión en la vida social gallega, apenas dos semanas después de su llegada, y que todo empezó bien hasta que mencionó la palabra «celtas». La anfitriona le espetó que nunca habían existido. Su novio moderó diciendo que nunca habían estado en España pero… Dos asturianos dijeron: «Oh, yes», que sí que habían estado. «No, no», dijo de nuevo la anfitriona, «no habían existido en ningún sitio». Alguien la llamó fascista; otro le preguntó: «¿Y la gaita?»; otro: «¿Y el arte celta?».

Cómo me siento identificado con este fragmento 😀

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