Os castros, Taramundi. Foto celtica.es
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No fué hasta el año pasado cuando la arqueología constató la existencia, en a Veiga de Escouredo, cerca de Mazonovo en Taramundi, de una fragua previa a la utilización de la fuerza hidráulica en la zona. Una fragua de monte, que se llama, y que no utiliza el mazo propulsado por la energía del agua al bajar canalizada, para la fundición y moldeado del metal como sucedió entre los siglos XVI y XIX.

Para descubrirla, los técnicos del proyecto Ferro Vivo siguieron las pistas de la toponimia, que les dió la posible ubicación del lugar (Escouredo = lugar donde se dejan las escorias), además del testimonio de habitantes del lugar que relataban la existencia de restos en la zona.

Gracias a estos descubrimientos se pudo hacer una serie de dataciones con C-14 que dieron fechas entre el siglo I y II d.C.

En una entrevista a principios de verano, antes de la campaña de estos meses pasados, comentaban que ahora se trataba de ampliar la zona de búsqueda y responder a una serie de preguntas. Por ejemplo, ¿qué tipo de madera se usaba en la fragua?, era la disponible en las cercanías?, o también, debido a la proximidad con la zona de Os Castros (el castro que hay dentro de la propia villa de Taramundi), ¿Qué relación tenía con el poblado?.