Puerta noroeste castro de Arrola. Virtual. Foto El Correo.
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La Universidad Pompeu Fabra de Barcelona publicó un estudio liderado por David Comas en el que se determina que las diferencias genéticas apreciadas entre los vascos respecto a sus vecinos europeos no se deben a la presencia de poblaciones exógenas en esos territorios sino a la menor influencia de otros pueblos sobre el vasco desde la Edad del Hierro.

Las teorías tradicionalmente aceptadas para explicar tanto la pervivencia del lenguaje vasco, no emparentado con otras lenguas indoeuropeas, así como las diferencias genéticas del pueblo vasco con el de otras comunidades humanas que los circundan, se basó en una doble vertiente. Por un lado los que hablaban de la pervivencia de grupos de cazadores recolectores frente a la llegada de comunidades neolíticas exógenas. En el lado opuesto se postulaba que los vascos habían venido de territorios foráneos y se habían establecido en esos territorios, lo que los haría diferentes a sus vecinos ibéricos y galos.

Estas hipótesis ya habían sido cuestionadas con anterioridad ya que por ejemplo en el estudio de la misma universidad sobre genética de la península ibérica se había determinado que la sustitución de casi el 40% de la población a principios de la Edad del bronce en el territorio peninsular (aproximadamente el 100% de los hombres), también afectó al territorio vasco por igual. Por tanto no podría tratarse de los citados cazadores-recolectores.

El estudio que se presenta estos días no se basa en ninguna de estas dos premisas y ofrece un panorama alternativo. La explicación para la pervivencia del lenguaje y las diferencias genéticas se basa en la menor aportación de las distintas etnias que desde finales de la Edad del Hierro dejaron sentir su influencia en el occidente europeo. Por ejemplo el aporte romano no fue tan intenso en este territorio como en el de otras partes de la Península Ibérica, o la entrada de pueblos germanos y musulmanes en la tardoantiguedad y la Edad Media. Además propone que el lenguaje supuso una barrera a la integración de estos territorios en otros mayores hasta una época relativamente reciente.

En cuanto al origen exógeno de los vascos queda descartado ya que tampoco se aprecian similitudes con el norte de África como se había propuesto, sino que no presentan excesivas diferencias con sus vecinos europeos, sin embargo, las que aparecen ponen en evidencia que estamos ante el tipo genético más parecido al de la Edad del Hierro de todo el occidente europeo.

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