Tumba de Gondole. Foto INRAP
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Hace tiempo, cuando estaba buscando información sobre Gergovia, me encontré con un artículo del INRAP donde se mencionaba este enterramiento sorprendente. Gondole es un sitio que se hizo muy conocido en el mundo de la arqueología gala cuando se descubrió en 2002, cerca del gran oppida que está considerado uno de los tres más grandes de Auvernia (la patria de Vercingétorix), un enterramiento múltiple de ocho jinetes con sus caballos.

El gran asentamiento fue atribuido durante mucho tiempo a César, sin embargo hoy se sabe que el oppida fue fundado por los galos durante La Tène D2.

La tumba estaba perfectamente organizada, con animales y humanos distribuidos en dos filas. Estaban a unos 300 metros fuera de la muralla del gran oppida, y todos fueron enterrados a la vez, en una fosa de trazado rectangular. De los ocho individuos todos son adultos menos uno que es un adolescente. Las manos están colocadas igual, con el brazo izquierdo hacia adelante, como descansando en el esqueleto que se sitúa a su lado frente a ellos. Sólo el adolescente tiene la mano posada en la cara.

No hay ofrendas, no hay armas, no hay arneses, solo cuerpos humanos y caballos. Estos últimos han sido identificados como los pequeños caballos galos que medían sólo 1,20 m en la cruz, parecidos a los ponis celtas del occidente europeo.

A finales de ese mismo año fueron desenterradas nuevas fosas, también de forma rectangular y orientados de norte a sur, con las cabezas mirando hacia este punto cardinal. En ellos enterraron solo a los caballos, en el lado derecho de las tumbas, con la cabeza girada. En otra fosa cercana otros ocho caballos aparecen dispuestos en dos columnas, y en otro tercer aparecen de rodillas, sin más materiales como en la anterior ocasión.

Hasta hoy se han descubierto un total de 19 pozos que contenían caballos. También había bóvidos, oveja, y un perro. Por último a pocos kilómetros se excavó una gran superficie en la que se documentaron 53 caballos depositados en cinco fosas distintas.

Interpretación.
Los investigadores del INRAP han podido analizar los huesos de los animales y han determinado que todos los caballos son machos jóvenes. Las fechas de C14 los situan en torno al 160 a.C. y el 120 d.C.

Es evidente que no es una muerte accidental, no parece hacer sido consecuencia de una epidemia, ya que los cadáveres no suelen colocarse. Tampoco hay restos de combate ni sacrificio, pero eso puede deberse al mal estado de conservación de los restos óseos.

No se ha conseguido determinar la causa de la muerte de hombres y caballos. En 1864 se descubrió una tumba de carro, con huesos de humanos y caballos en las inmediaciones del oppidum lo que sugiere la presencia de un gran líder. Quizá la hipótesis más plausible venga reflejada en los Comentarios a la Guerra de las Galias, de Julio César, que cuenta la siguiente costumbre de los galos, relacionada con la devotio de los celtíberos y otros pueblos del occidente.

“Mientras esta rendición llamó la atención de todo el ejército, al otro lado de la plaza, Adiatuanos, que era rey supremo, apareció con seiscientos hombres a su servicio, de los que llaman soldados; la condición de estos personajes es la siguiente: aquel a quien han dedicado su amistad debe compartir con ellos todos los bienes de la vida; pero si sufre una muerte violenta, deben sufrir al mismo tiempo que ellos la misma suerte o matarse; y en la memoria viva no se ha visto todavía a nadie que se haya negado a morir cuando el amigo al que se había entregado había perecido”.

De cualquier forma sólo son especulaciones a la espera de que aparezcan nuevos restos o que se identifique alguna prueba de cómo murieron.