Colaboración: Sexo y Empachos. El Zafio Dios Supremo de los Celtas. Por Cristobo Carrín

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Redacción
Céltica es una revista atlántica, con vocación de conocer y dar a conocer la cultura celta de la fachada oeste de Europa en el público hispano hablante. Mi nombre es Fon y soy estudiante del Grado de Historia en la Universidad de Oviedo / Uviéu. Gracias por leerme.

Tiempo de lectura: 11 minutosHoy os traigo la primera colaboración de contenidos de nuestra web. Se trata de Cristobo Carrín, alguien a quien seguro que conoceis por su libro y artículos, y que para nosotros es un placer tener en Céltica. Como él mismo se define, es “un estudioso aficionado del folclore y la mitología asturiana, se centra en las conexiones con otros países de la Europa atlántica y las pervivencias del pasado celta. Autor de “La Creación del Mundo y Otros Mitos Asturianos”, colaborador y editor de la revista “Asturies, Memoria Encesa d’Un País“.

En su último artículo publicado nos hace un recorrido por la literatura medieval irlandesa en busca de pistas sobre la simbología del banquete ritual y con su estilo didáctico y personal nos abre los ojos a un hecho evidente… La idealización romántica de los dioses tiene poco que ver con la tradición literaria original de los mismos :), al menos en el caso del “Padre de Todo”, el buen Dagda.

Sexo y Empachos. El Zafio Dios Supremo de los Celtas.

“La Segunda Batalla de Magh Tuireadh” fue escrita, según se cree, a finales del S. IX aunque, como ocurre a menudo con la literatura irlandesa antigua, incorpora elementos míticos mucho más antiguos. Trata del conflicto entre dos razas sobrenaturales, los Túatha Dé y los Fomoiri, en tiempos remotos. Es esta una historia que se ha contado durante milenios, desde los tiempos en que los indoeuropeo partieron de las estepas: los indios hablan de la guerra entre los Devas y los Asuras, los griegos de cómo los dioses Olímpicos derrotaron a Titanes y Gigantes. En Escandinavia eran los Aesir los que lucharon contra los monstruosos Jötnar y los más ambiguos Vanir. En todo el dominio indoeuropeo se repite el enfrentamiento entre una tribu divina que termina dominando el mundo, más o menos benevolente, adorada por los humanos, dadora de bienes, de salud y de fertilidad, frente a otra tribu de seres sobrehumanos, más o menos monstruosos, ladrones o destructores de la vida, que pierde la guerra y termina desterrada y contenida…Al menos durante un tiempo.

En “La Segunda Batalla de Magh Tuireadh” (llamémosla SBMT, de ahora en adelante) el conflicto, el contraste entre unos y otros se plantea con matices muy interesantes. En otros textos los Fomoiri se convierten en monstruos convencionales, en seres deformes y aterradores. En la SBMT, sin embargo, pueden ser tan hermosos como los Túatha Dé, incluso más (no obstante Balor, su campeón, sigue siendo un cíclope que mata con la mirada). Mark Williams, en su libro “Ireland’s Immortals”, muestra cómo el autor de SBMT ha establecido un sutil juego de contrastes: los Fomoiri no son monstruos rabiosos ni demonios grotescos. En apariencia no son muy distintos de los Túatha Dé, pero al mirar de cerca todo en ellos resulta ser una inversión de lo que es correcto. Son antinaturales, son desproporcionados en cada detalle. Williams repara por ejemplo en la oposición entre Bres, el mal rey que destruye la sociedad y obliga a los más nobles de los Túatha a trabajar como jornaleros frente a Lugh, el buen rey que honra cada oficio y cada escalón social de acuerdo con su valor. Más interesante aún es la extraña descripción de Elatha, uno de los reyes Fomoiri. El texto subraya que era un hombre de hermosa apariencia pero ni siquiera menciona su rostro ni su cuerpo: solo se detiene en su ropa y joyas. Esto contrasta con las descripciones de otros personajes del libro, las cuales siguen un esquema invariable y siempre se detienen en el rostro. Es como si los Fomoiri fuesen ajenos a todo lo que es orgánico.

Los Túatha Dé, en cambio, rebosan vida, se zambullen en ella. El Dagda, cuyo nombre significa “Buen dios” (>*Dago-deiwos) y que es uno de los pocos personajes a los que la literatura irlandesa antigua reconoce explícitamente su categoría divina, es el protagonista de un extraño pasaje en el que el amor por la vida llega hasta lo obsceno.

El Dagda, como ocurre con los dioses y diosas más importantes, no se conforma con un solo nombre: es “El Hombre de las Montañas”, Fer Benn pero también el “Gran Guerrero del Vientre”, Roláech Builc. Sus títulos más majestuosos parecen heredados directamente de una teología pagana: “Dios del Poder”, Di Brig; “Renacimiento del Mundo”, Aithgein mBethai. Uno de estos títulos, Buith, significa simplemente “Ser”. El más impresionante de todos y también, el más repetido, es Ollathair, “Padre de Todo”1. ¿Y qué nos cuenta SBMT sobre este Zeus celta? ¿A qué se dedica el “Padre de Todo”? Pues al sexo, a llenarse la panza de gachas y a defecar, como ahora veremos.

El Dagda de la SBMT es la deidad más terrenal y menos espiritual que imaginarse pueda. Si Elatha el Fomoiri llevaba un lujoso atuendo y cinco torques al cuello, el Dagda viste la túnica corta de los campesinos irlandeses, que le deja literalmente el culo al aire (lo cual, por lo visto, era corriente entre los susodichos campesinos). De esta desnudez emerge su enorme miembro viril el cual, nos insinúa el texto, dejó incluso marca en el paisaje de la isla:

Arrastraba tras de sí una horca con ruedas para mover la cual hacían falta ocho hombres, y dejaba un rastro suficiente para la zanja fronteriza de una provincia. Se la llama “El rastro del garrote del Dagda” por esa razón. Y él estaba desnudo, con un largo pene.

(Williams2, 2016: 96)

El sexo y la comida son los dos campos en que el Dagda demuestra su explosiva vitalidad. Su colosal coito con la Morrigu, la gran diosa guerrera y hechicera, también dejó huella en el relieve:

[…]tenía que encontrarse con una mujer en Glen Edin de allí en un año, alrededor de Samain, antes de la batalla. El río Unshin de Connacht ruge al sur de este lugar. Él divisó a la mujer en Unshin en Corann. Estaba lavándose, un pie sobre Allod Echae […], al sur del agua, y el otro en Lisconny, al norte del agua. Nueve trenzas sueltas había en su cabeza. El Dagda conversó con ella y se unieron. “La cama de la Pareja” se llama ese lugar desde entonces. La mujer aquí mencionada es la Morrigan.

(Gray, 2012: 18, 19)

Enviado por Lugh, el Dagda marcha al campamento de los fomorianos y solicita una tregua. Los fomorianos, para burlarse de él, le sirven un gran caldero, “el caldero del rey, de cinco puños de profundidad” lleno de gachas, “pues grande era su amor por las gachas”. Ochenta galones de leche, incontables cabras y ovejas y cerdos se añaden al caldero. Finalmente los fomoiri vierten todo en un agujero en el suelo y amenazan al Dagda: le darán muerte si no se lo come todo.

El Dagda engulle la inmensa cantidad de comida y aún rasca con el dedo el fondo del agujero, sucio de moho y gravilla; “le vino sueño después de comer las gachas”. Con una panza “más grande que el caldero de una casa”, moviéndose a duras penas, parte entre las burlas de los fomorianos.

En este lamentable estado, tambaleándose en dirección a Tráigh Eabha, el Dagda se tropieza con una hermosa muchacha. Ella se burla de él y le exige que la lleve a cuestas hasta la casa de su padre, Indech, rey de los fomoiri. Forcejean y ella le azota tan fuerte que le hunde en el suelo hasta las nalgas, primero, y le hace defecar hasta llenar de excremento el agujero en el que está hundido, después. Con la panza finalmente vacía, el Dagda recupera las fuerzas:

Entonces salió del agujero, después de vaciar el vientre, y la chica llevaba mucho tiempo esperando aquello. Así que se levantó, y llevó a la chica a cuestas; y se puso tres piedras en el cinturón. Las tres piedras se le cayeron, una tras otra, y se ha dicho que fueron sus testículos los que cayeron. La chica se le encaramó de un salto y le golpeó la grupa, y se le vio el rizado vello púbico. Entonces el Dagda ganó una amante, e hicieron el amor. La marca donde se unieron permanece en Beltraw Strand [condado de Sligo].

(Gray, 2012: 20 – 22)

Sucedió en Beltraw Strand: las leyendas irlandesas se insertan obsesivamente en el paisaje, lo cual es lo menos interesante que se puede decir de “una de las escenas sexuales más pasmosas de toda la literatura medieval”, como la calificó Mark Williams (3). El texto no es que llegue a ser obsceno, es que se revuelca en la obscenidad: el hombretón engullendo gachas, el sopor tras la comilona, la inmensa panza, el cuerpo deformado y desnudo, los gigantescos genitales, el gigante bañado en sus propias heces y finalmente el coito (como colofón, la chica no le hace remilgos al cuerpo pringado), llegan más allá de la parodia, más allá de la farsa. La comida, el sexo, incluso las heces, son manifestaciones de lo orgánico, de la vida. No es casualidad que uno de los tesoros del Dagda, según cuenta la propia SBMT, sea un caldero mágico, “del que ningún comensal se alejó nunca insatisfecho”.

Las civilizaciones mediterráneas renegaron, cada vez más, del aspecto carnal de sus dioses y buscaron un concepto apolíneo, una idea más “elevada” de la divinidad (esos dioses que “cagan mármol”, como decía Mozart en la película de Milos Forman); los celtas, sin embargo, rechazaron a los asépticos, inorgánicos, estériles fomorianos y adoraron al sucio, glotón, salaz, ubérrimo Dagda.

Las amantes del Dagda son otro rasgo en común con el Zeus griego: no sólo se unió con la Morrigu y con la princesa fomoriana, sino que otra leyenda cuenta cómo mantuvo una relación adúltera con Bóand (>bó find >*bou-vindā, “la vaca blanca”), la diosa del río Boyne. Cuando la dejó embarazada, el Dagda detuvo el sol durante nueve meses para que el niño, Oengus, fuera concebido y naciese el mismo día, lo cual confirma que se trata de un dios celeste. Toda la leyenda, además, es muy parecida a la griega de la concepción de Herakles, cuando Zeus ordenó al sol que retrasase el amanecer para que durase más su encuentro nocturno con Alcmena, esposa de Anfitrión.

Otros textos muestran al Dagda asimismo como señor del rayo; como padre y druida de los dioses; como protector de las cosechas y como dueño del tiempo atmosférico.

Hay varios puntos a favor de la interpretación del Dagda como un reflejo del dios indo-europeo del trueno. Lo primero está la historia de Mag Muirthemne, en la cual lucha contra un “pulpo” con su garrote, y destierra al monstruo. Posiblemente, sea esta una versión del dios del trueno derrotando a la serpiente de las aguas.

Dos de sus nombres – Fer Benn y Cerrce – pueden referirse al trueno y al rayo […] con la intrigante interpretación d Cerrce derivando de *perkw, la palabra reconstruida del PIE que significaba “golpear”, relacionada con palabras derivadas con el significado de roble o abeto (quercus), así como dioses del trueno (Perkunas, Perunu). Otro nombre Dagda duir – puede referirse al roble, el cual de nuevo es el árbol asociado con el dios del trueno.

(Jones, 2004)

Si la tierra en la mitología irlandesa se encarna siempre en una mujer, diosa de la soberanía, es la virilidad del Dagda la que asegura la benevolencia de esa mujer. Tras convertirse en sus amantes, tanto la Morrigu como la hija del rey Indech se pasan al bando del Dagda y aseguran la victoria de los Tuatha y su dominio del país. Es, en verdad, un “Guerrero del Vientre”. Además:

Es el Dagda el que engendra a personajes como Brigid y Aine, quienes actúan como diosas de la soberanía. Su nombre “Eochaid” (caballo) es también indicativo de una conexión con la soberanía, ya que es la Diosa Yegua la que a menudo confiere soberanía al rey; muchos reyes en la leyenda irlandesa también llevan el nombre Eochaid.

(Jones, 2004)

Hay varios ejemplos de la conexión entre la yegua y los rituales de entronización en los diversos condados de Irlanda (4), pero probablemente Mary Jones se refiriese, al escribir el párrafo anterior, al celebérrimo fragmento de “Topographia Hibernica”, la obra escrita por Gerardo de Gales hacia 1188:

Hay, pues, en la parte septentrional y más remota del Ulster, a saber, en Kenel Cunil, una nación que practica un rito de lo más abominable y bárbaro al crear su rey. Congregadas todas las gentes de esa nación en un lugar, se conduce una yegua blanca entre ellos, y el que va a ser inaugurado, no como príncipe sino como bestia, no como rey sino como proscrito, se presenta ante el pueblo a cuatro patas, confesándose él mismo un animal, con no menos impudicia que insensatez. En este punto se mata a la yegua, se la corta en trozos y se la cuece, y un baño se prepara para el candidato con el caldo resultante. Sentado en este baño, come de la carne que se le trae, con los presentes participando de la comida también. Debe también comer del caldo en el que se está bañando, no tomándolo de un recipiente, ni siquiera con la mano, sino lamiéndolo con la boca. Habiéndose completado estos ritos impíos, son ratificadas su autoridad real y su dominio

(Cambrensis, 2000: 77, 78)

La repugnancia del clérigo normando estaba justificada: el ritual que describe revuelca a la realeza en la misma obscenidad que el mito narrado en la SBMT aplicaba a la divinidad. Y no es el único caso: conocemos un ritual asociado, de nuevo, con la inauguración real, donde reaparecen las comilonas. Se trata del Tarbfeis, el Festín del Toro, que aparece en dos leyendas distintas.

Serglige Con Culainn (‘La enfermedad de Cú Chulainn)

Un toro blanco es sacrificado y se elige un hombre para comer y beber de la carne y del caldo resultante hasta hartarse. Después de eso, el hombre cae dormido, mientras cuatro druidas cantan el ‘Oro de la Verdad’ sobre él. En su sueño se le revela al hombre el futuro rey, quien dará una descripción del rey verdadero al despertar.

(Koch, 2006: 737)

Togail Bruidne Dá Derga, La Destrucción de la Posada de Dá Derga

[El rey Eterscéle] murió. Los hombres de Erin congregaron un festín de toro, para determinar su futuro rey, es decir, mataban un toro y después un hombre comería de su carne y de su caldo hasta hartarse, y se cantaba un hechizo de verdad sobre su lecho. Quienquiera que viese en su sueño sería rey, y el durmiente perecería si pronunciaba mentira […]. El festeador vio pues en su sueño, al final de la noche, a un hombre completamente desnudo, pasando por la carretera de Tara, con una piedra en la honda.

(Anónimo, 2009: 22, 23)

Incluso si aceptásemos, como opinan algunos estudiosos, que La Enfermedad de Cu Chulainn simplemente plagia La Destrucción de la Posada de Dá Derga, seguiría siendo interesante cómo reaparecen ciertos elementos muy concretos en contextos totalmente independientes. El sueño del vidente en el Tarbfeis, por ejemplo, evoca el sopor del Dagda tras engullir el caldero de gachas. Conozco al menos otro testimonio de dioses irlandeses revelándose durante el sueño:

Una gran pestilencia en este año (1084), que mató a la cuarta parte de los irlandeses. Comenzó al sur, y se extendió por las cuatro provincias de Irlanda. Esta es la causa causante de tal pestilencia, a saber, demonios que llegaron de las islas septentrionales del mundo, tres batallones y en cada batallón había [cientos de miles], como Oengus Óg, el hijo del Dagda, relató a Giolla Lugan, el cual rondaba el túmulo feérico cada año por Halloween.

(Anónimo, 2010: 416)

Es sorprendente que un ritual tan abiertamente pagano pudiese practicarse todavía en fecha tan tardía, pero lo que aquí nos interesa es más bien la semejanza con el Tarbfeis. De nuevo el vidente accede al Otro Mundo mediante un sueño mágico: sólo cambia el camino de acceso. En un caso, se trata de buscar la fecha (Halloween, es decir, Samhain) y el lugar (el túmulo donde habita Oengus) en las cuales los dioses se manifiestan más próximos al mundo

de los mortales. En el Tarbfeis, sin embargo, la aproximación consistía en revivir el mito mediante el rito, en someterse al mismo sopor que experimentó el dios al llenarse de comida. El chamán se intoxica, se narcotiza con un exceso de comida, reproduciendo la escena de la SBMT.

El Tarbfeis no era un rito anual, sino de soberanía. Igualmente, la que nos describió Gerardo de Gales era una inauguración real en la que el candidato se animaliza, desciende hasta lo más básico: la comida y, tal vez, el sexo (la referencia a la “impudicia”… ¿Significa que el rey-caballo se une a la yegua, como el Dagda se unió a la “vaca blanca” Boand?). Sentado en un baño de caldo, bebiendo a lametones, hartándose de carne, toda la escena reproduce la obscenidad del Dagda hundido en su agujero, la panza deformada de tanto engullir gachas.

Sabemos que la soberanía era el aspecto más rico de la mitología irlandesa, un campo lleno de especulaciones sobre la relación entre humanos, naturaleza y dioses. El rey, en la Irlanda antigua, es el garante de la armonía y el equilibrio del cosmos, del acuerdo entre el pueblo y la Tierra, mediante el cual las cosechas y los animales seguirán medrando y produciendo alimento para todos. El rey ulate, nadando en comida y atiborrándose, expresa ritualmente esa explosión de abundancia. Es una “renovación del mundo”, lo cual nos lleva de nuevo al Dagda, a quien llamaban como ya sabemos “Renacimiento del Mundo”, Aithgein mBethai.

Cristobo de Milio Carrín, abril 2020

 

CITAS

1 Williams, 2016: 124
2 Todas las traducciones del inglés que aparecerán en este artículo son obra del autor
3 Williams, 2016: 96
4 Véase Foley, 2011

BIBLIOGRAFÍA

ANÓNIMO, The destruction of Da Derga’s Hostel, Whitley Stokes (traductor), Ruth Murphy, Beatrix Färber (edición electrónica). Universidad de Cork, CELT: Corpus of Electronic Texts, 2009, https://celt.ucc.ie/published/T301017A.html

ANÓNIMO, Anales de Tigernach, versión electrónica Gearóid Mac Niocaill (traductor), Emer Purcell, Donnchadh Ó Corráin (edición electrónica). Universidad de Cork, CELT: Corpus of Electronic Texts, 2010, https://celt.ucc.ie/published/T100002A.html

CAMBRENSIS, GIRALDUS. The Topography of Ireland, Thomas Forester (trad), Thomas Wright (revis y edic). Cambridge, Ontario, 2000

FOLEY, CLAIRE. “Evoking the white mare: the cult landscape of Sgiath Gabhra and its medieval perception in Gaelic Fir Mhanach” en Landscapes of Cult and Kingship, Four Courts, Dublín 2011

GRAY, ELIZABETH. Cath Maige Tuired, ebook, Library of Alexandria, 2012

JONES, MARY. “An Dagda” en Jones’s Celtic Encyclopedia, página web, 2004 https://www.maryjones.us/jce/dagda.html

KOCH, JOHN T. Celtic Culture – A Historical Encyclopedia, Clio, Santa Bárbara, California 2006

WILLIAMS, MARK. Ireland’s Immortals, Princeton University Press, 2016

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