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Recojo una parte de la extensa entrevista hecha por la prensa regional a uno de los “eruditos” en el celtismo asturiano. Inaciu Llope. Os dejo abajo enlace con la entrevista completa donde se tratan muchos temas tanto de política como de otros ámbitos.

– Ha escrito y reflexionado mucho sobre el celtismo, un concepto muy poliédrico y del que usted ha demostrado que tiene raíces viejas en Asturias.

R.- Asturias lleva dialogando con su condición celta por lo menos desde el siglo XVII.

P.- Y en el siglo XVIII, según usted tiene escrito, el celtismo se consolida, introducido acá en 1748 por el catalán Masdeu, que es quien divide la península ibérica prehistórica en celtas e íberos para discutirle a Francia la primacía celta, y desarrollado después por otro historiador dieciochesco, el agustino Manuel Risco, que al referirse a los astures recurre a los usos, costumbres y lengua de los celtas.

R.- Sí, sí. Ahí se inicia un hilo que después enlaza con Jovellanos; con Caveda, que encuentra en el origen celta la explicación de la fiereza de los astures; con miembros del grupo La Quintana como  Braulio Vigón, que rastrea correlatos entre el folclore bretón y el asturiano, o Acevedo y Huelves, que también recurre al celtismo en sus estudios de los vaqueiros de alzada y de los orígenes de Asturias, etcétera. Eso, guste más o menos, es una realidad. Por eso decía yo antes que quizás el celtismo sea —junto con la geografía, claro: los asturianos no hemos cambiado de sitio— el único elemento que mantiene cierta continuidad desde los inicios de la construcción de la narración identitaria asturiana hasta hoy. Además, es curioso: consiguió un consenso sorprendente entre la intelectualidad asturiana. Entre el siglo XIX y la guerra civil, es casi imposible encontrar algún tratado que hable de la historia, la arqueología, la etnografía o la antropología asturianas que no contemple la condición celta como parte del ser histórico de Asturias; como algo fundamental para entender la ocupación y evolución del territorio asturiano y los usos y costumbres de Asturias. Y eso, independientemente de la consideración que el autor tuviera sobre la llingua. Que Asturias era un país celta, un pueblo celta, que los asturianos tenían ascendencia celta, son afirmaciones que se encuentran incluso en lugares verdaderamente inverosímiles, lo cual tiene mucho que ver con el éxito indudable del concepto de música celta en Asturias; con cómo aquí, masivamente —y eso no es una hipérbole—, el pueblo asturiano aceptó que la música tradicional asturiana era música celta sin mayor conflicto, al contrario: como algo positivo y algo a considerar. Eso, a nivel popular. A nivel de las élites asturianas sí hubo conflicto con el celtismo.

P.- Gustavo Bueno, para oponerse a la reivindicación de bable nes escueles, añadía en tono de burla: «¡y gaites nes orquestes!».

R.- Pues sí, mira tú qué disparate. Hay una entrevista a Bueno de los noventa en la que decía que estaba muy contento porque había conseguido barrer de celtas los castros de Asturias. En fin, Bueno. Pero ya digo: más allá de esto, el pueblo asturiano nunca vio el celtismo como una amenaza, al contrario.

P.- Estoy acordándome ahora de cierta Sociedad Antiflamenquista que funcionó en Gijón a caballo entre el siglo XIX y el XX, con varios apoyos ilustres y vinculada a ambientes anarquistas y socialistas, y que hacía cosas como boicotear las corridas de toros que se celebraban en la ciudad convocando meriendas campestres populares a la misma hora. Creo haber leído sobre ella en la recopilación de artículos del rector Alas que acaba de publicar Trea, y en la que aparecen reflexiones de Alas, hijo de Clarín, sobre lo ajeno a las costumbres y la mentalidad de Asturias de la tauromaquia. No era celtismo en sentido estricto, pero algo tenía que ver.

R.- Sí, sí. Mira, si tú, ahora mismo, a cualquier asturiano o asturiana le preguntas si Asturias es celta, es probable que te diga que claro que sí, por más que quizás luego vote al PP. No son cosas excluyentes. En Asturias el celtismo sí opera como un elemento identitario poderosísimo, que aquí además está absolutamente desnudo de cualquier componente racialista o étnico. La condición celta es una condición que construye una mentalidad, una manera de ver y de estar en el mundo, pero es muy abierta, muy líquida, muy flexible, muy plástica. Voy a ponerte un ejemplo: si tú pones en Internet «música asturiana», te saldrán diez veces más referencias que si pones «lengua asturiana». Si tú vas a Australia —y te pongo el ejemplo de Australia porque lo conozco y puedo corroborar que es cierto— y entras en una tienda de música y vas a música celta, encontrarás música asturiana. De no ser por esa fuerza del celtismo, ¿tú piensas que habría algún disco asturiano en Australia?

P.- La potencialidad económica de los discursos identitarios. Usted escribía hace años que, puesto que «la condición periférica d’Asturies nun fexo más que medrar nes últimes décades», el celtismo es también «un esfuerciu y un mecanismu d’estes cultures escéntriques pa comunicar y ganar significáu, operando como un revitalizador de les mesmes, como un proyecto inclusu de creación de nueves solidaridaes humanes». Y eso es fácilmente rentabilizable en términos económicos. No hay más que ver lo que significa el Festival de Lorient para Bretaña o lo que significó o pudo significar para Asturias el ferryGijón-Nantes.

R.- Sí, sí. Vamos a ver, un país del tamaño de Asturias, en extensión y en población, si no tiene identidad no tiene entidad, y si no tiene entidad, incluso la capacidad de generar un desarrollo económico que proporcione una vida buena a la gente que está aquí queda poderosamente comprometida. Yo siempre digo que la renuncia identitaria de la nueva autonomía astur fue suicida, y ahí la responsabilidad cae del lado de la FSA, que es responsable de ella por ignorancia, por prejuicios, por apriorismos y por no entender nada. El único que sí supo leer estas cosas, pero al que le dieron una patada en las partes nobles, fue Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos. Todo esto que te estoy diciendo yo, que soy nacionalista asturiano, lo dice él sin serlo. Desde atalayas ideológicas distintas, decimos lo mismo. De Silva fue el único dirigente digno de tal nombre que ha tenido la autonomía asturiana.

P.- Su problema es que tuvo que enfrentarse, en tanto que presidente, a una crisis económica terrible sin, sin embargo, disponer de las competencias autonómicas que Asturias recibiría más tarde. De Silva sería, quizás, mejor presidente ahora de lo que lo fue entonces.

R.- Sería un excelente presidente. ¡Y del PSOE! La FSA tuvo la opción de construir la autonomía dentro de España de otra manera, con un discurso español pero no españolista, pero en lugar de eso optaron por hacerse nacionalistas españoles. ¿A ti te parece normal que en plena crisis económica asturiana, en un discurso del Día de Asturias, el señor presidente de Asturias se dedique a hablar de Cataluña? Oiga, dedíquese a hablar de lo que tiene que hablar, que es del sitio del que es presidente y del que sale su nómina. Yo no le pago para que hable de Cataluña.

P.- Volviendo al celtismo, sorprende su éxito en Asturias en comparación con la reivindicación lingüística teniendo en cuenta que en el celtismo hay un componente mucho mayor que en la lengua de la invención de la tradición de la que hablaba Hobsbawm. La lengua asturiana es un hecho real y objetivo, mientras que lo celta es un magma en el que probablemente tengan más peso las fabulaciones románticas que la verdad histórica.

R.- Sí y no. Sí y no. Si decimos que sí, debemos decirlo teniendo en cuenta que la construcción del celtismo corre paralela a la de la celtofobia; que son dos fenómenos que hay que analizar a la vez y que son tan racionales e irracionales el uno como el otro. Sí: que deba interpretarse el período castreño desde el punto de vista de lo celta es cuando menos discutible. Es discutible el sí y el discutible el no, aunque yo creo que es más discutible el no. Pero suponer que la reificación del pasado cae de una sola banda del barco es suponer mal. Por supuesto que en esa sentimentalidad de la Europa celta y atlántica hay muchísimo de construido y reconstruido, a través sobre todo de las artes: de la música, de la literatura, de la pintura, de la escultura…

P.- Pero también de la falsa historia: ahí están Las obras de Ossian, que James MacPherson hizo pasar con éxito como antiquísimas baladas celtas y sólo más tarde se descubrió que las había escrito él mismo.

R.- Claro, claro. Todo eso es verdad, y es verdad que pensar en la indestructible pureza de tus ancestros es, además de mentira, una tontería. Pero también es verdad que el celtismo, ¿dónde añera? ¿Dónde desarrolla su potencialidad estética? Pues hombre, en Sicilia no. Tiene que haber un medio ambiente, una ecología social, cultural, política y también histórica capaz de alimentar esa sentimentalidad. Sí, puede haber gente interesada por la civilización celta en Oregón, y de hecho la hay, igual que yo tengo mucho interés en la poesía japonesa. Pero es un interés exclusivamente motivado por el goce estético que me produce ese fenómeno cultural. La incorporación a eso de un elemento de identidad requiere de una ecología cultural previa. Si no, es imposible.

P.- Digamos que el celtismo es un invento que aglutina lo que, de todas maneras, es aglutinable.

R.- Yo no conozco en el mundo ninguna identidad nacional que no sea inventada, incluida la china. ¿Qué pasa? Que cuando esa identidad nacional entra en conflicto con una identidad estatal, se saca el libro de Hobsbawm. Ya, ya, pero ponte el espejo delante. Aquí se meten mucho con los vascos porque dicen que Sancho III fue el primer rey de Euskal Herria. Oiga, ¿y Pelayo sí es el primer rey de España? ¿Eso es racional, pero que los vascos hagan una pirueta seguramente menor es absurdo? Lo que sea lo uno, también lo es lo otro. No vale que la irracionalidad siempre se cargue en el otro. Pero sí, los discursos de identidad se construyen, claro que se construyen. Y según cómo se construyan pueden dar lugar a sociedades abiertas, dinámicas y en las que se pueda llevar una vida buena o sociedades como la Alemania nacionalsocialista. La carga de la prueba recaen en la expresión política de ese discurso, no en que sea un discurso elaborado desde una comunidad humana que se identifica con un hecho nacional. Y el celtismo tuvo un éxito tan amplio en Asturias porque se percibió como algo real. Hay un montón de fenómenos asumidos con total naturalidad por la sociedad asturiana que tienen que ver con la condición de Asturias como país celta dentro de la Europa atlántica. Incluso a nivel institucional: aunque no lo digan, van a reuniones del Arco Atlántico, y aunque no lo digan, el ferry Gijón-Nantes tenía que ver con eso, y aunque no lo digan, hay determinados fondos estructurales europeos que tienen que ver con ese arco céltico dentro de Europa. Fíjate, hay hasta una federación de peluqueros celtas.

P.- ¿Cómo?

R.- Sí, sí, hace unos años hicieron un encuentro de peluquería de países celtas en Oviedo: tengo el cartel por casa. ¿Es eso bueno o es malo? Pues no lo sé. Bueno o malo son categorías morales. Políticamente, no tienen mucho sentido. Políticamente, lo que tiene sentido es preguntarse si eso genera más cohesión social, más bienestar, si hace mejor la vida de la gente. Y yo creo que en el caso del celtismo, la respuesta es sí. Si me quitas el celtismo, ¿qué me das a cambio?

P.- De todas maneras, Asturias, como Galicia, es un país celta muy particular, que no habla una lengua celta, sino una romance. ¿Cómo se solventa eso en lo que respecta a integrar a Asturias en el celtismo? ¿Quizá haciendo de Asturias una suerte de puente entre el celtismo y la romanidad; una especie de clavo de abanico que vertebre un mundo que nos conecta con Escocia y con Irlanda y otro que nos conecta con Italia y hasta con Rumanía?

R.- Pues igual que lo solventa Bretaña. La mitad de Bretaña habla galó, que es una lengua romance. El bretón, el breton bretonnante, llega sólo hasta Vannes, aproximadamente. En Cornualles, la última hablante de córnico, Dolly Pentreath, murió en el siglo XVIII, aunque están recuperando el idioma, igual que lo están recuperando en Man, donde el último hablante nativo, Ned Maddrell, murió en 1974. En Escocia el gaélico nunca ocupó toda Escocia, sino sólo la parte noreste. El sur de Escocia habla lallans scots, que es una lengua anglogermánica, y en las islas Shetland se hablaba norn, una lengua emparentada con el noruego. Y en Irlanda ya sólo se habla gaélico en los Gaeltachtaí. El celtismo no es una cuestión lingüística. Tiene un componente lingüístico, pero no sólo, ni principalmente. Tiene más que ver con una cuestión geográfica que es objetiva y otra estética que obviamente es subjetiva y tiene que ver con una determinada voluntad de ser o de estar en el mundo; con generar interrelaciones e intercomunicaciones entre esos territorios a través de la traducción a una forma universal de un conjunto de códigos locales. Y yo creo que para Asturias es bastante más rentable que la hispanidad, por varias razones. En primer lugar, Asturias es un sitio demasiado pequeño, y la hispanidad es un sitio demasiado grande y en el que cuesta más hacerse oír, tanto más si lo que se quiere es incorporar la gaita a un mundo que es la salsa y el flamenco. Lo siento por Hevia, pero eso no va a ser posible. Y no es ni bueno ni malo, simplemente es inviable. Sin embargo, en el celtismo esa incorporación es natural y automática. En segundo lugar, el celtismo, siendo un sitio más pequeño en el que la voz de Asturias se escucha más y mejor, también es un sitio policéntrico.

 

P.- En el celtismo no hay una madre patria que engendra, da forma y tutela a las patrias pequeñas, sino una patria común construida o dialogada a partir de la unión de las pequeñas.

R.- Exacto, y eso permite mucha más flexibilidad. En el celtismo, por cierto, son todo países periféricos, fuera de los ejes de desarrollo de la Unión Europea. En alguno de estos países estuvo lo más pobre de Europa hasta la entrada de Bulgaria, Rumanía, etcétera. En fin, yo no veo recambio al celtismo. Creo que es de lo poco que puede cohesionar Asturias y hacer que tenga un cierto peso, por pequeño que sea, en el concierto europeo y mundial. ¿Te pongo un ejemplo? Para Asturias es mucho más rentable participar, en Nueva York, en el desfile de San Patricio que en el de la hispanidad, porque al desfile de San Patricio van secretarios de Estado, va Bill Clinton, va Bill de Blasio, etcétera, mientras que al de la hispanidad no va ni el alcalde de Nueva York. Esas élites luego tienen sus saraos, y quizá nos conviniera más que Javier Fernández fuera a esos saraos a saludar a Clinton que a saludar al presidente de Ecuador. No lo sé, ¿eh? Y desde luego, en el desfile de San Patricio, que es nada más que Irlanda y lo celta, es mucho más fácil que te vean que en el de la hispanidad, que son veinte países, en algún caso gigantescos.

P.- ¿No existe un peligro de que el celtismo aboque o haga bordear discursos racialistas y hasta prefascistas? El neonazismo echa mano de simbología céltica, y fue el caso que el celtismo siguió interesando mucho en la España de posguerra debido a que servía para acreditar ante Hitler que España también tenía raigambre aria o como mínimo septentrional.

R.- Ése es el sambenito que siempre se le cuelga al fascismo, pero el fascismo es una hidra de mil cabezas, una peste, y no hay ningún ámbito cultural europeo susceptible de decir que es inmune al fascismo, y el celtismo tampoco. Es verdad que el esquema que los nacionalsocialistas tenían de cómo articularían su dominación de Europa consistía en dividir al continente en etnias de primera y de segunda (y luego ellos) y, entre otras cosas, en partir España en un norte celta y un sur ibero: imagínate qué gracia le hubiera hecho eso a Franco. Ahora bien, que yo sepa, exceptuando algunos exabruptos que a Dios gracias desaparecieron con la Segunda Guerra Mundial, como la colaboración de una parte del nacionalismo bretón con el Eje, esa conexión entre celtismo y fascismo apenas se dio. No se dio propiamente ni siquiera entonces: el interés por el celtismo sólo se daba en las SA y en la parte más esotérica del nazismo. Y en todo caso, nada impide reivindicar un celtismo distinto, formulado a partir de valores de izquierda como los que son absolutamente hegemónicos, y siempre lo han sido, en el asturianismo debido a la fractura de clase que comentábamos antes. Peligro de derivas fascistas, desde luego, lo hay más en el fútbol, por ejemplo, que en el celtismo.

FuenteAsturias 21
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