Caractacus, Rey de los Siluros, entregado a Ostorius, el General Romano, por Cartimandua, Reina de los Brigantes. Francesco Bartolozzi ( 1728 - 1815). Fuente Wiki Commons
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Seguro que has oído infinidad de veces que el nombre antiguo de A Coruña era Brigantium. Fueron los romanos los que nos dejaron constancia de este enclave, que tuvo un puerto de cierta magnitud en la Antigüedad (probablemente el más importante del noroeste de la Península Ibérica), y también de su famoso faro que conocemos como la Torre de Hércules, un lugar al que se han asociado leyendas que conectan Irlanda y Galicia. Su nombre se deriva de los Brigantes, una tribu de los Ártabros que poblaba la zona en la protohistoria de la Península Ibérica.

Lo que no suele decirse es que al otro lado del mar, en la isla de Inglaterra existió en tiempos previos a la invasión romana otra poderosa tribu de Brigantes. Su territorio era conocido como Brigantia, y lo dirigía una reina poderosa llamada Cartimandua.

Si bien Boudicca ha pasado a la historia como la reina rebelde que se atrevió a abofetear a Roma en plena cara (y lo pagó con su vida), Cartimandua tuvo mucho más poder, sobre un territorio más extenso que el de los Icenos, que ocuparía una extensa franja de costa a costa al sur de la actual frontera con Escocia.

De la vida de Cartimandua sabemos poco, al menos se cree que ya era reina de su tribu en el 34 d.C. cuando Claudio puso pie en Britania. Era de sangre real y lo era por derecho propio, no por su matrimonio con Venucio, quien es reflejado como su consorte, no como rey.

En una sociedad patriarcal como la romana no encajaba una mujer de tanto poder. No lo había hecho Cleopatra el siglo anterior, ni lo iba a hacer una reina “bárbara” de una nación en el extremo del mundo conocido.

Tenemos que tener en cuenta lo que repetimos en Céltica hasta la saciedad, y es que las fuentes escritas no son celtas, sino romanas, es decir, escritas por los vencedores. Partiendo de esta premisa no es tan extraño que los textos latinos minimizaran el poder de esta reina. El papel que le dieron en el teatro de la Historia fue el de una mujer colaboracionista y adúltera. Posiblemente una campaña de difamación de una nación, la romana, que sabía utilizar la propaganda como el que más.

Las evidencias arqueológicas no nos dicen mucho de su vida cotidiana. Se ha supuesto que pudo ser una sacerdotisa de algún culto femenino. El papel de los jefes de las tribus celtas a veces cumplía esta función, pero se la asocia con la diosa Brigantia (Brigid), que estaría relacionada con el nombre de su tribu y de la que hay evidencias epigráficas en sus territorios.

Sabemos que prefirió colaborar con los romanos antes que perder sus tierras y llevar a su pueblo a una masacre. De ello se beneficiaron tanto ella como su consorte, algo que solía suceder en la política expansiva de Roma, quien jugaba un doble papel a base de acuerdo o exterminio que le funcionó en toso el continente. A cambio el Imperio estaba protegido de los ataques de los Pictos y Caledonios, que se topaban con una tribu fuerte y bien pertrechada que los retenía en el norte.

El gran momento de la historia de Cartimandua fue la entrega del líder rebelde Caractacus a los romanos. El heredero de los Catuvellauni había puesto en jaque a las tropas imperiales y promovido rebeliones por el oeste de la isla entre los Silures y Ordovices de la actual Gales, que costaron mucha sangre a los invasores.

En esa rebelión, con todo perdido se dirigió a Cartimandua a pedir ayuda, pero ésta le entregó a los romanos atado con cadenas y paseado por las calles de Roma junto a su familia como un vil botín de guerra. Salvaría su vida milagrosamente tras hablar ante el Emperador y se perdonó a su familia, que vivió en la Urbs hasta el final de sus días.

Lo que Cartimandua no se esperaba es que este hecho se volviera contra ella. La entrega del líder rebelde fue tomada como un acto de servidumbre y sumisión y tras el divorcio de Venucio entre el 51 y el 57 d.C. gobernó sola a su pueblo.

La relación sólo fue a peor, y encontramos a Venucio preparando una rebelión contra Cartimandua quien apenas pudo escapar tras pedir ayuda a la IX Hispana (la misma que desapareció misteriosamente en la isla).

Años después la encontramos casada con Vellocatus, menor que ella y antiguo colaborador de Venucio. Es en este momento cuando los Icenos se levantan en armas y reúnen a la mayoría de tribus del centro de Britania. A esta alianza no acude Cartimandua que se mantuvo neutral. Posiblemente la participación de los Brigantes en este conflicto habría inclinado la balanza al lado de los britones, pero como sabéis no fue así.

En el 69 d.C. en plena convulsión en las altas esferas romanas con disturbios civiles y cuatro emperadores, Venucio se levanta de nuevo en armas contra Cartimandua, quien se ve traicionada por parte de sus vasallos y obligada a pedir ayuda a Roma de nuevo, que no es capaz de socorrer a su aliada más que con unas exiguas tropas auxiliares.

Venucio había conseguido su anhelado objetivo, deponer a Cartimandua, sin embargo el destino le deparaba una desagradable sorpresa. Dos años después Vespasiano se lo quita de en medio e impone unas duras condiciones a los Brigantes, despojándolos de todos sus privilegios y sometiendo el territorio de Brigantia al Imperio.

Lo cierto es que sin Cartimandua el papel de Roma en la isla habría sido completamente distinto. En vez de ensalzar su crucial función conteniendo a las tribus del norte, tanto Tácito como otros historiadores sólo nos hablan de sus costumbres sexuales, o su sumisión a los invasores con la entrega de Vellocatus.

Desaparece de la historia sin más. Sabemos que fue rescatada por los romanos pero nada más. No fue considerada un personaje relevante sobre el que escribir para los cronistas de la época.

En total reinó al menos 26 años. Tras la caída de su reinado el norte comenzó a darse cuenta de que las puertas estaban abiertas para asolar los fértiles campos del centro de la isla. Unos 50 años después Adriano se vió obligado a levantar el enorme muro para contenerlos.

 

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