Cait Sidhe, un gato negro muy especial en la mitología escocesa e irlandesa

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Redacción
Céltica es una revista atlántica, con vocación de conocer y dar a conocer la cultura celta de la fachada oeste de Europa en el público hispano hablante. Mi nombre es Fon y soy estudiante del Grado de Historia en la Universidad de Oviedo / Uviéu. Gracias por leerme.
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Tiempo de lectura: 9 minutosEl gato negro ha sido asociado injustamente desde la edad media a la brujería y la mala suerte. Ya sabeis que siempre me hago preguntas sobre las leyendas de la Céltica y una de ellas es la de cuál es el origen de según qué tradiciones, y me sorprendió mucho descubrir la historia real que hay detrás de ésta.

Empezemos por la leyenda

Contaban en las Highlands que el Cait Sidhe era un animal mediano, del tamaño de un perro, de color negro y con una mancha blanca en el pecho.

Se les asocia con la brujería, a pesar de que cait sidhe se podría traducir literalmente como “gato hada” o gato de las hadas. En la tradición escocesa se habla de que eran brujas que podían transformarse en ese animal (con una limitación, podían hacerlo ocho veces, ya que a la novena quedarían convertidas en gato para siempre).

El papel del gato en la tradición escocesa

Siempre asociado con el inframundo, el más allá. El gato era el animal que podía robar el alma del difunto, por lo que era necesario apartarlo del cadáver durante el duelo previo al entierro. Había varios trucos para hacerlo, hierba gatera por la casa para atraerlos, no encender fuego cerca del finado, o hacerlo en otro sitio alejado del mismo ya que los gatos suelen acurrucarse junto al hogar, etc. Todo lo que fuera necesario para alejar al gato del cuerpo ya que si pasaba por encima le robaba el alma.

El gato en los cuentos escoceses

El cuento del rey de los gatos aparece recogido por primera vez en el siglo XVI. El cuento está publicado en varias ediciones de cuentos escoceses. Os dejo esta versión (Jacobs 2003):

“Una noche de invierno, la señora Sexton estaba sentada junto a la chimenea con su gran gato negro, el viejo Tom, al otro lado, ambos adormecidos y a la espera de que regresara a casa el marido. Esperaron y esperaron, pero el hombre seguía sin llegar, hasta que finalmente entró corriendo y gritando “¿Quién es Tommy Tildrum?” con tanto frenesí que su esposa y el gato se quedaron mirando con la esperanza de saber qué sucedía.

– ¿Por qué? ¿Qué sucede? – dijo su esposa -. ¿Y por qué quieres saber quién es Tommy Tildrum?

– ¡Oh! No te imaginas qué me ha pasado… Estaba cavando donde está la tumba del viejo Fondyce cuando supongo que me debo de haber quedado dormido y no me he despertado hasta oír el maullar de un gato.

– ¡Miau! – dijo el viejo Tom a modo de respuesta.

– Sí, así. Así que he mirado al extremo de la fosa y ¿qué crees que he visto?

– ¿Y cómo esperas que lo sepa? – respondió la mujer de Sexton.

– Nueve gatos negros como nuestro Tom, todos con una mancha blanca en el pecho. ¿Y a que no sabes qué llevaban? Un pequeño ataúd cubierto con un paño de terciopelo negro, y sobre el paño se veía una pequeña corona dorada, y cada tres pasos, gritaban todos a una “¡Miau!”.

– ¡Miau! – repitió el viejo Tom.

– Sí, así – dijo Sexton -. Y conforme se acercaban y estaban cada vez más próximos de donde yo me hallaba, pude verlos más claramente, porque sus ojos relucían con una especie de luz verde. Bueno, todos llegaron donde yo estaba. Ocho transportaban el ataúd, y el mayor de todos caminaba por delante como…Mira a Tom. ¡Mira cómo me obseva! ¡Parece como si supiera de qué estoy hablando!

– Sigue, sigue – dijo su esposa – No te preocupes por Tom.

– Bueno, como te decía, se acercaban hacia mí lenta y solemnemente, y cada tres pasos gritaban a coro “¡Miau!”.

– ¡Miau! – dijo de nuevo el viejo Tom.

– Sí, así, hasta que estuvieron frente a la tumba de Fordyce, donde yo me encontraba, y entonces quedaron quietos y me miraron de frente. Me sentí extraño. ¡Ya lo creo! Pero mira a Tom. ¡Me está mirando del mismo modo que lo hicieron ellos!

– Sigue, sigue – dijo su esposa – . No te preocupes por Tom.

– ¿Por dónde iba? ¡Ah! Se quedaron mirándome, y entonces el que no transportaba el ataúd dio un paso adelante y, mirándome fijamente, me dijo… Sí, te lo aseguro, me dijo con una voz chillona: “Dile a Tom Tildrum que Tim Toldrum ha muerto”, y por eso te he preguntado si sabías quién era Tom Tildrum, porque si no, ¿cómo esperan que le diga a Tom Tildrum que Tim Toldrum ha muerto si no sé quién es Tom Tildrum?

– ¡Mira a Tom, mira a Tom! – exclamó su mujer.

Y más valía que así lo hiciera, porque Tom se estaba hinchando y Tom le sostenía la mirada y, finalmente, Tom gritó:

– ¿Cómo? ¿El viejo Tom ha muerto? ¡Entonces yo soy el Rey de los Gatos!

Y corrió chimenea arriba y nunca más lo volvieron a ver.

Allan nan Creach y el rito del Taghairm

En la tradición escocesa se cuenta la historia de un guerrero sanguinario, Allan nan Creach (Allan del Botín, o Allan de los Fuertes), que saqueaba el territorio de los reinos vecinos desde su castillo en Tor.

A finales del siglo XV su estrella había caído en declive y el hombre no las tenía todas consigo. Desdesperado, buscó consejo en la bruja de ojos azules Gorm Shiil, quien le ordenó que con la ayuda de un sirviente fuera a practicar el Taghairm nan Cait, una invocación que consiste nada más y nada menos que en asar vivos siete gatos, uno cada día de la semana.

El sirviente asaba al último gato y Allan vigilaba en la entrada con la espada desenvainada para mantener alejados a los intrusos. Los alaridos del animal fueron en aumento hasta que atrajeron a un ejército de gatos que rodeó el viejo molino donde estaban haciendo el ritual. Exclamaban en gaélico mientras se acercaban “Sole an carabh cait sin”… “Eso es maltratar a un gato”, pero Allan se defendía y ordenaba a su sirviente que no parara.

Entonces apareció Camdubh, el rey de los gatos, y le dijo a Allan que le daría su consejo si dejaba vivir a la víctima. Cuando soltaron al gato se lanzó a la que se conoce como Buinne a Chait (la piscina de los gatos, en el río Lochy).

El rey de los gatos ordenó entonces a Allan que construyera siete iglesias, una por cada criatura que había matado con el ritual. Cumplió su promesa y construyó las siete iglesias, que todavía existen en las Highlands.

El ritual de asar gatos vivos para hacer una adivinación es muy cruento pero fue real. Este antiguo método de adivinación escocés, que es citado por Sir Walter Scott (Conner y Cook 1833) quien aseguraba fue recogido por primera vez en el siglo XVIII en las Hébridas (Martin 1716). Cuando era necesario dilucidar qué hacer ante un suceso importante se buscaba la ayuda de la adivinación para tomar decisiones.

Este sacrificio permitía obtener el consejo necesario de los espíritus a los que se invocaba. El ritual consistía en asar vivos siete gatos, uno cada día de la semana, y además el oficiante no podía probar bocado en todo ese tiempo. Al final se aparecían unos demonios con forma de gatos negros, con manchas que iban liderados por su jefe, el rey de los gatos, quien ofrecía el consejo buscado.

El gato en los cuentos irlandeses

En Irlanda existe un rey de los gatos, con exactamente las mismas atribuciones que en Escocia. La versión más famosa nos llega a través de W. B. Yeats.

La historia del rey de los gatos comienza en una casa donde vivía un matrimonio. El marido, gran bebedor, volvió una noche muy borracho de la taberna, y tras una terrible discusión con su mujer ella se encerró en una habitación y él presa de la ira cogió al gato de la casa al que la mujer tenía en gran aprecio, y le arrancó la cabeza y la tiró al fuego.

La cabeza entre las llamas aún alcanzó a decirle al hombre
-Dile a tu mujer que acabas de arrancarle la cabeza al rey de los gatos, pero que no se preocupe, porque voy a volver y me tomaré mi venganza.

El hombre, asustado, acabó convenciéndose de que lo que le había pasado había sido un delirium tremens y a la mañana siguiente, ante el llanto desconsolado de su mujer, que buscaba al gato por toda la casa, le entraron remordimientos. Así que fue al mercado y cogió un gatito para regalarselo a ella y tratar de enmendar su mala conducta de la noche pasada.

Ella al ver al animal se consoló algo, y él se prometió que no haría ningun mal al pobre gato. Al cabo del tiempo incluso le había cogido cariño, y se encontraba un día jugando con él cuando de pronto, el gato le saltó encima y le desgarró la garganta con sus garras provocando que el hombre se desangrara.

Era el rey de los gatos, reencarnado en el gatito del mercado. Mientras agonizaba le dijo.
-Te dije que volvería por mi venganza-. Y acto seguido se fue a vivir a la cueva donde tenía a su familia.

El rey de los gatos vivió allí hasta que supo que el bardo Seanchan, el más famoso, y faltoso, de los bardos de toda Irlanda, se burlaba de él en un poema que circulaba por toda la isla.

Resulta que Seanchan era un quisquilloso, y muy huraño. Había desairado al rey de Connaught porque pensaba que en un gran banquete que había organizado, los mejores manjares se los habían dado a los nobles y no a los poetas. Ante sus palabras desagraddecidas, el rey montó en cólera, pero el bardo para fastidiarle, sólo aceptó un huevo que una sirvienta le había guardado. Sin embargo los ratones se lo comieron.
Así que hizo un poema contra ellos por que le comían su comida. Ya se sabe el poder de las palabras de los bardos en la vieja literatura irlandesa. Precisamente sus versos mataron a todos los ratones. Luego, no contento con ésto, compuso otro poema echandole la culpa a los gatos de no haber hecho su trabajo y dejar que los ratones camparan a sus anchas.

El rey de los gatos, que se llamaba Irusan, montó en cólera y fue en busca del bardo. El cuento nos dice que tenía el tamaño de una ternera, y grandes colmillos y garras, metía miedo mientras corría por Irlanda. Cuando le dijeron a Seanchan que el gato iba a matarlo tuvo miedo, y les suplicó a los nobles de la corte de Connaught y al rey Guaire que lo protegieran, sin embargo no le sirvió de nada. El rey de los gatos llegó y atrapó al bardo y se lo llevó a rastras de la sala del trono.

De la que era arrastrado el bardo dijo “Oh, Irusan, eres indudablemente espléndido: !qué carrera, qué saltos, qué fuerza y agilidad! pero ¿qué mal he hecho yo, Irusan, hijo de Arusan?. ¡Perdóname, te lo ruego, invoco a los santos, que se interpongan entre tu y yo, oh gran Rey de los gatos!”

La casualidad quiso que un hombre de la Iglesia se hallara a la puerta de una fragua por delante de la cual iba a pasar el gato, cuando lo vió venir dijo “¿Cómo?, ¿Aquel es el jefe de los bardos de Erin? ¿a lomos de un gato?¿Tanto ha decaído la hospitalidad de Guaire?” así que cogió una barra incandescente y con ella mató al gato que no pudo esquivarla por la velocidad a la que iba.

Cuando Seanchan se vió libre del animal, se puso hecho un basilisco e insultó al hombre santo. Le dijo “hubiera preferido que Irusan me hubiese matado y comido hasta el último bocado, porque así habría difamado al rey Guaire por la mala comida que me dio; porque es por culpa de sus miserables platos por lo que me he metido en este lío!”

Por si os interesa la historia aún continúa, pero ya no aparece el rey de los gatos. Los reyes de Irlanda se disputaban por agradar a Seanchan en sus castillos ya que le tenían miedo después de aquello. Al final hizo las paces con el rey Guaire quien le organizó treinta días de banquete, y por el cual los bardos de Irlanda comenzaron a hacer canciones de Guaire el Generoso. (Calvino 1988).

¿El cait sidhe es la raza Kellas?

Lo que tradicionalmente se consideraba una leyenda resulta que es un animal de verdad. De hecho todo apunta a que las historias que se contaban alrededor del fuego en las noches de invierno escocesas están basadas en el avistamiento de los llamados gatos Kellas, una raza de gato salvaje del país, o casi.

El gato Kellas tiene rasgos de gato salvaje (proveniente del norte de áfrica) y gatos domésticos. Además reune una serie de características idénticas a la leyenda, pelaje oscuro, con unas manchas atigradas, y otras blancas en el pecho.

Fue llamado así por el criptozoólogo  Karl Shuker al descubrirlo cerca de Kellas, en las Highlands. En 1988 se capturó un ejemplar, que se conoce como espécimen K . Se trata de un animal grande, de casi un metro de largo, y pesa unos casi seis kilos (Shuker 1990). No es un gato salvaje escocés (Felis silvestris silvestris variedad Felis silvestris grampia) que son simplemente gatos salvajes europeos de una población entre 1000 y 4000 individuos en Escocia. El gato de Kellas se ha descrito como una hibridación entre un gato salvaje y un gato doméstico lo que le daría esas características especiales que se corresponden con la leyenda del Cait Sidhe.

Como veis, la leyenda resultó ser cierta, y se cumple eso de que en todo mito existe algo de verdad.

BIBLIOGRAFÍA

SCOTT, Walter (1833). The complete works of Sir Walter Scott; with a biography and his last additions and illustrations. Vol I. Ed. Conner & Cooke. New York pp.462

SCOTT, Walter (1810). The Lady of the Lake. Chant IV. John Ballantine & C. Edimbourgh

JACOBS, Joseph (1894)  More English Fairy tales

CALVINO, Italo (1998) De fábula. Ed Siruela

YEATS, William Butler (1986) Treasury of Irish Myth, legend and folklore. Grammercy books, New York

SHUKER, Karl (1990) “The Kellas Cat: Reviewing an Enigma”. Cryptozoology, vol. 9, pp. 26 – 40

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