Tumba de lajas de piedra de Plougovelin, Bretaña. Foto INRAP
Tiempo de lectura: 3 minutos

En Plougonvelin, en el Finisterre bretón, el INRAP excavó una importante necrópolis de principios de la Edad del Bronce (entre 2000 y 1600 aC). De gran variedad arquitectónica y en buen estado de conservación, estos entierros  permitirán afinar el conocimiento de los cementerios de antiguas cistas de piedra de la Edad del Bronce en la península armoricana.

Hasta la fecha, se han desenterrado una cincuentena de enterramientos en casi 1800 m². Si es muy probable que en Bretaña existan otros complejos funerarios de este tipo, esta es la primera vez que se ha tenido la oportunidad de estudiar un sitio de tal magnitud. Se debe recordar que de hecho en el trabajo a nivel regional sobre la arquitectura y la práctica funeraria del Bronce se han centrado en los innumerables túmulos armoricanos desde el siglo XIX. Junto a estos monumentos funerarios, se conocen otros, que están peor documentados y aún en proceso de investigación.

Así enterraban a los muertos durante la Edad del Bronce en lo que hoy es Bretaña
Vista cenital de dos tumbas. Foto INRAP

La existencia de la necrópolis de Plougonvelin se sospecha desde finales de la década de 1950 con el descubrimiento regular, durante diversas obras, de tumbas en piedra. El complejo funerario, cuyo estudio se acaba de completar, es notable en más de un aspecto y ofrece muchas perspectivas de investigación.

Además de la cantidad de enterramientos estudiados (55 hasta la fecha), cabe destacar su variedad arquitectónica. Así se han desenterrado tumbas con arcas de piedra, tumbas con arcas de madera, tumbas que combinan arcas de madera y revestimientos de piedra.  La organización general del espacio funerario también es notable. Las alineaciones o concentraciones de tumbas que se alternan con áreas vacías dan testimonio de la gestión del espacio y agrupaciones particulares.

Tal como está, esta estructuración no parece marcar diferencias cronológicas y, más probablemente, corresponde a agrupaciones familiares o comunitarias. Luego podrían alimentar los problemas relacionados con la jerarquía de las sociedades al comienzo de la Edad del Bronce. Cabe señalar que no se ha observado superposición de sepulturas, lo que sugiere que fueron materializadas en la superficie del suelo por un mojón, una estela o simplemente por su losa de cubierta.

El buen estado de conservación de la mayoría de las tumbas también ofrece mucha información sobre los métodos y técnicas de construcción utilizados. Las rocas utilizadas para la fabricación de los cofres parecen, según las primeras observaciones, proceder del entorno inmediato. Algunas arcas con losas de piedra perfectamente ajustadas muestran el deseo de evitar la infiltración de sedimentos. Sin embargo, con el tiempo, estas tumbas finalmente se llenaron de limo. La tierra en el área es particularmente ácida, los cuerpos fueron completamente disueltos. Solo uno de estos cofres, que ha quedado perfectamente sellado, ha arrojado los restos de un esqueleto bastante bien conservado.

Las observaciones antropológicas realizadas in situ indican que se trataría de una mujer adulta colocada del lado derecho en posición fetal. También parece que el cuerpo fue colocado en un recipiente de material perecedero tipo canasta. Dado el buen estado de conservación de los huesos, se planifican análisis isotópicos y de ADN con el fin de aportar detalles sobre la dieta y el origen de los fallecidos.

En las tumbas se descubrió muy poco material arqueológico. Una cerámica desenterrada en uno de ellos sin duda no corresponde a un viático sino más bien a un jarrón funerario utilizado como recipiente para el cuerpo de un inmaduro. En cuanto a los rituales funerarios, cabe destacar los lechos de arena marina depositados en el fondo de la mayoría de los cofres de piedra y en ocasiones los aportes de los guijarros marinos. Si tales gestos siguen siendo difíciles de interpretar, posiblemente se pueda considerar un simbolismo ligado al mar cercano.