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La historia de Ana, la llobera de Bricia, es de esas que resurgen a lo largo del tiempo. Probablemente es una de las mejor documentadas en España debido a ser parte de un proceso inquisitorial contra ella tras una denuncia, como veremos más adelante. Ésta es una recopilación de uno de los “oficios” (porque realmente la gente contrataba sus servicios), más antiguos y paganos que han existido. El de lobero o lobera.

Antes de nada. Qué entendemos por lloberu/a (lobera)

Conocemos varios procesos de la Iglesia contra individuos que eran acusados entre otras cosas, de tener bajo control a una manada de lobos y usarla en perjuicio de la gente. A grandes rasgos esa sería la definición de un lobero. Sin embargo con ésto nos quedaríamos muy cortos. La capacidad de convertirse en uno de ellos no estaba al alcance de cualquiera, e incluso en muchas ocasiones no era algo que ellos desearan.

En este concepto se entremezclan viejas tradiciones paganas, como las de los hombres lobo, lobishomes galegos, etc… cuyas habilidades provienen casi de una maldición, más que de un deseo. Otras personas recibieron este don y no fueron capaces de controlarlo con lo que su vida fue un tormento, como nos cuentan los relatos de otros procesos inquisitoriales.

La dura infancia de Ana María

Ana María nació en 1623, de Juan García y Toribia González, labradores en Posada de llanes. Era la séptima hija de siete hermanas. Este hecho es fundamental para convertirse en lobero/a. Igual que el hombre lobo, el lobero debe ser el séptimo hijo de siete hermanos para tener ese poder, o al contrario, ser objeto de esa maldición.

Lo cierto es que la pobre Ana María no tuvo mucha suerte en sus primeros años de vida, ya que quedó huérfana a los dos años. El ser la más pequeña al cuidado de hermanos mayores la convirtió en una carga de la que tuvieron la necesidad de librare, dándola en adopción y pasando por distintas familias. A los tres años se sabe que estaba con Catalina Juárez y Juan García. Luego pasó a la casa del hermano de éste, llamado Diego Soga, hasta que cumplió siete años. Hasta los 14 vivió en casa de Juan Gutierrez de Ardisana. Un familiar, Francisco Soga, con la que la obligan a casarse la deja embarazada y ella, la que no tenía miedo a los lobos, huye a Llanes, a casa de otra pariente, Toribia Sánchez.

Bricia, el lugar donde se encuentra con Catalina, una bruja especial

En Bricia, una aldea próxima, a los 20 años, conoce a Catalina González, una bruja que era ya famosa en toda la comarca por sus artes. Catalina no era cualquier bruja. De ella se decía que era la encargada de reclutar jóvenes adolescentes, para que acudieran a los akelarres (una palabra ajena al asturiano proveniente del euskera pero que usaremos como referencia general para las reuniones de brujas). Es decir, Catalina tenía algún grado dentro de la jerarquía de hechiceras asturianas.

Desfiladeru de les Xanes. Foto Céltica

Según la crónica del proceso, sería ella la encargada de enseñarle a Ana María a convocar a los animales, ya que hasta entonces ella no había manifestado tener ese poder. Además le transmitió una serie de conocimientos, por lo que podemos deducir que la había elegido como su aprendiz.

Por ejemplo le enseñó a preparar ungüentos y remedios para curar enfermedades, así como las palabras con las que convocar a los lobos y hacer que la obedecieran. “Aquí tres, aquí dos, aquí dos”cuenta la crónica (por lo que sabemos que llevaba siete lobos) que ordenaba a los lobos, de distintos colores, que llamaba con un silbido tras meterse dentro de un círculo protector dibujado en la tierra.

Ana María recibe el don

Los años al lado de Catalina le dieron tiempo a prepararse para ser la sucesora de la bruja, la que en su lecho de muerte le entregó un objeto, una saya. La entrega de este objeto marca el momento en que el maestro crea el vínculo (más allá de la muerte) con el aprendiz. Con eso Catalina transmite su poder a Ana María.

No sabemos qué pasó por la mente de la chica, pero a raíz de la muerte de su maestra sabemos que se desplaza a las montañas. Probablemente se alejara de la Iglesia ya que el brazo de la Inquisición llegaría a las aldeas de la costa asturiana, mejor comunicada, pero tendría más dificultades en adentrarse entre los perdidos valles de los Picos de Europa.

Belmón y Tino de La casa del Lobo en Belmonte. Foto Céltica. Os recomendamos visitar este lugar extraordinario para conocer mejor a estas increíbles criaturas.

Es la tierra de los vaqueiros, quien entre las  montañas y los espesos bosques movían su ganado estacionalmente. Los pastizales de verano de Llanes, en las montañas eran la tierra de los Argüellos. Allí se unió a dos vaqueiros y con ellos sabemos que se desplaza a Covadonga. Tiempo después la encontramos en la Cañada Real tras haber pasado por Pajares, salida natural a la Meseta.

La bruxa de los Vaqueiros

Los Vaqueiros de alzada son uno de esos pueblos marginales de España. Localizados en las montañas de Asturias, vivieron repudiados por los habitantes de la costa a causa de sus costumbres y de su aislamiento detrás del ganado por las montañas. Sólo en época actual han recuperado su prestigio y hoy en día su cultura se considera uno de los valores etnográficos de Asturias (por ejemplo en los valles de Somiedo con sus particulares “cabanas” de teito).

Ana vivió con los vaqueiros, haciendo lo que había aprendido, y su fama fue creciendo a medida que pasaba el tiempo. La leyenda de la llobera ya circulaba por los valles, y en las oscuras noches a la lumbre de las hogueras de los pastores.

La Pornacal. Foto Wiki commons

No es extraño. Uno de los mayores peligros para el ganado eran (y son) los lobos. En Asturies nunca se ha extinguido el lobo, de hecho ahora se está recuperando poco a poco, a pesar (y digo a pesar) de la nefasta gestión del Gobierno del Principado en la protección de esta especie. En aquel entonces, el lobo era el verdadero dueño de la montaña, y alguien que supiera dominar a los lobos debía ser considerado como alguien con un poder enorme.

Del lobo se temía todo. Hasta la mirada, que se consideraba que te hacía enfermar. Yo personalmente conozco a una persona, que se encontró con el lobo en la montaña, y me contaba que antes de verlo ya se le había erizado todo el vello, por eso supo que estaba ahí. Es tal el pánico que se le tenía en las zonas rurales, que el recuerdo ha permanecido imborrable. Os lo pongo de ejemplo para que entendais el alcance del poder que ostentaría Ana María.

Por fin un corto periodo de prosperidad

Imaginaros a la joven, tras una vida de penurias desde su más tierna infancia, miseria, y desprecio, ahora era una mujer temida en toda la montaña, donde el poder que rige es el de la madre Naturaleza, y ella tenía la capacidad de controlarla.

La crónica cuenta que era de una gran belleza. Juan Luis Rodríguez-Vigil,  en su obra «Bruxas, lobos e Inquisición»- dice que era del tipo céltico que aún es frecuente ver por las aldeas de los concejos altos de Asturias:

“Estatura pequeña o mediana, de piernas y nalgas rotundas y fuertes, pecho generoso y torso amplio, con cabellos arrubiados y rizados y la faz definida por ojos de intenso color azul, en todo caso con pómulos altos, nariz pequeña y tez clara o abundante de pecas, que la Lobera tendría, no obstante muy atezada por la continua exposición a la intemperie”.

Caballos en Pajares. Foto Céltica

Dicen que durante tres años vivió su época de esplendor como la llobera, ayudando a los vaqueiros que la contrataban, curando enfermedades, roturas de huesos, haciendo el bien entre los que la llamaban pidiendo ayuda. Era especialista en preparar remedios a base de plantas de la montaña según la crónica. También se vengó de los que no quisieron ayudarla y dañó al ganado de los que se atravesaban en su camino.

Ana además de encontrar su camino en la montaña, encontró el amor. Un joven vaqueiro encandiló el corazón de la joven y ella, un espíritu libre, dejó la protección de las montañas y se fue con él a Toledo, donde el chico estaba al servicio de Don Gabriel Niño de Guzmán. Era 1648, y sabemos el día, un 25 de mayo.

Doña María del Cerro, la rica terrateniente la denuncia a la Inquisición. El juicio contra la Llobera

Sólo un mes después de su llegada a Toledo, la mujer del mayoral Alonso Millán, Doña María del Cerro, mujer muy cristiana y de gran influencia, presenta una denuncia ante el tribunal del Santo Oficio tras haberse enterado de la fama de Ana María a la que había estado investigando. La acusación tuvo lugar en estos términos.

«Acuso criminalmente a Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias, presa en cárceles secretas. Y digo que siendo la susodicha cristiana bautizada y en al común opinión y estimación tenida y reputada por tal, gozando de las gracias y privilegios, inmunidades, prerrogativas y excepciones que los demás fieles católicos cristianos suelen y deben gozar, olvidando sus obligaciones, ingrata y desconocida a tantos y tan singulares beneficios, en ofensa de Dios nuestro señor y contra su santa fe…».

Le acusa de al menos 8 cargos:

«1. Que (…) en un lugar de dicho concejo de Llanes cierta persona de vida tan relaxada y nefanda que aconsejó y dixo a la rea si quería andar con los lobos y encantarlos, había de dar el brazo derecho al diablo, y que haciendo con las manos un cerco en la tierra y dando un silbido vendrían a su mandado, y los encantaría: y que si también quería hacer mal con ellos lo podría hacer, y que si no, podría guardar el ganado dellos, y hacer que no hiciesen mal a los ganados, ni a persona alguna. En lo cual vino la rea (…) ofreció el brazo derecho al Demonio, diciéndole: yo te ofrezco este brazo derecho.

»2. (…) que habiendo muerto la dicha persona y dexado a la rea una saya como tan su amiga, estando ésta a solas hilando (…) se le apareció un bulto negro de hombre, con cuernos a los lados de la frente (…) asiéndole del mismo brazo el bulto dixo si le ofrecía aquel brazo; y la rea respondió que se lo ofrecía; y él la volvió a decir que bien sabía que aquel brazo era suyo (…) Con lo cual se fue el bulto, y aunque entonces no lo dixo quién era, bien entendió la rea que era el Demonio, y como a tal le ofreció el brazo derecho.

»3 y 4. Que siguiendo el consejo que en capítulo primero ha referido la dio la dicha persona, y continuando la rea el crédito que la dio y al Demonio (siendo padre de la mentira y el mayor enemigo de las almas) en confirmación de la amistad y pacto que hizo con él, ofreciéndole su brazo derecho para que la favoreciese y asistiese, habiéndose ido con unos pastores, con quienes ha tratado deshonestamente y andado tres años, ha llamado a los lobos haciendo el cerco en la tierra y metiéndose dentro, y dando un silbo venían siete lobos de diferentes colores, que eran demonios, y se iban tras ella por donde quiera que iba, y cuando estaba dentro del cerco andaban ellos alrededor sin entrar en él, y la rea los repartía, tres por una parte, dos en otra y dos en otra, y venían unas veces sin llamarlos y otras porque los llamaba para que estuvieran con ella.

»5. (…) que era tal la familiaridad que tenía con los demonios (…) en forma de lobos (…) que no podía hallar sin su compañía. Y sabiéndolo los pastores la instaron, y ella se los prometió no hacer mal con los demonios a sus ganados ni a los de otros ni a personas algunas, si bien no siempre lo cumplía, antes echaba los lobos al ganado que le aprecia y a la parte que le hacía mal pasaje.

»6. (…) que en las dehesas de Alcudia, habiendo la rea llegado a un cazador que llevaba una carga de conejos y perdices a vender, le pidió un conejo, y no se lo quiso dar y dentro de tres días comieron los lobos a una bestia de carga de dicho cazador. Y todos lo atribuyeron a que la Lobera lo quería así, teniéndola también por bruja hechicera.

»7. (…) que en dichas dehesas llegó otra vez la rea a una majada de un pastor y, no habiéndola dado lo que ella le había pedido, le comieron a segunda noche los lobos tres cabras.

»8. (…) que para llamar a los demonios decía la rea ciertas palabras, que afirmó no podía decir porque la vendría mucho daño (…) Lo cual no es de creer, sino que maliciosamente las calla. Y así pido la declare».

En realidad, lo único bueno de los procesos inquisitoriales es que podemos llegar a saber los supuestos poderes y forma de proceder de las personas acusadas de brujería, constituyendo para los folkloristas una fuente de información (tras el correspondiente y riguroso análisis) impagable.

Le pidieron que citase las palabras mágicas con las que gobernaba a los lobos, y los conjuros que pronunciaba, pero ella se negó, asegurando que si lo hacía un gran mal caería sobre todos los que estaban en el juicio. No la debieron creer, y lo cierto es que si lo pensamos, fue una buena estrategia en su defensa ya que el hecho de no pronunciarlas la eximía de su acusación.

También dijo que era cierto que Catalina le había dado una saya pero que ella nunca se la había puesto, la segunda negación, lógicamente hecha para salir del paso.

La sentencia

La llobera tuvo suerte, o una buena defensa, o simplemente de verdad tenía cierto poder sobre la gente :), porque sabemos que salió bastante bien parada del juicio del Santo Oficio.

Autores como Caro Baroja, dan por hecho que debido a la falta de información del tribunal no debió ser posible confirmar los cargos que se le imputaban y salió airosa del proceso pidiendo:

“Que el tribunal use con ella de misericordia atento ha confesado y dicho la verdad como consta en sus confesiones y que es una pobre mujer que ha sido engañada y promete no volver a más a ofender a Dios y procurar ser muy buena cristiana y que si acordare de otra cosa lo dirá y todo lo que lleva dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene fecho.”
El 3 de Agosto de 1648 se dicta la sentencia por la que es reprendida y la envían a un lugar donde debía recibir cristiana instrucción durante cuatro meses. Tras aquel periodo sólo sabemos que volvió a Asturias pero se pierde su rastro completamente como es lógico.
Conclusión
Hasta aquí la historia de la única “mujer lobo” que se conoce en España y creo que pocos casos más en el resto del continente. Sin duda una heredera de un saber antiguo que tenemos la suerte de haber conocido a causa de su desgracia personal con el Santo Oficio.
Quiero pensar que Ana volvió a Asturies y vivió entre los vaqueiros, probablemente haciendo lo mismo que había hecho hasta entonces, o viviendo de la fama que había conseguido. El proceso en sí no dejaría de ser una etapa más de la azarosa vida de esta extraordinaria mujer.
Este post es nuestro tributo a ella y a tantas otras que fueron víctimas de la intolerancia de la Iglesia.
Bibliografía
Álvarez Peña, Alberto. La Brujería En Asturies. Picu Urriellu, 2004
Rodríguez,Juean L & Virgil Rubio. Bruxas, Lobos e Inquisición. El proceso de Ana Maria García, la Lobera. Ediciones Nobel, Oviedo.
Carlos Rico-Avello, Miscelánea Asturiana, Ayalga Ediciones, 1989

 

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